Breve e incorrecta intimidad: “Momentos de inadvertida felicidad”, de Francesco Piccolo

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Posted July 12, 2012 by in Francesco Piccolo

Rating

Ritmo
9.0


Estructura
7.0


Argumento
7.0


Estilo Narrativo
9.0


Total Score
8.0

8/ 10

Ficha Técnica

Precio: Versión Kindle: EUR 11,39 Tapa blanda: EUR 14,15
 
Autor:
 
Editora:
 
Formato:
 
Nacionalidad:
 

Anagrama, su editorial en España, lo recomienda como lectura de verano y me parece un acierto, para esas tardes de reunión y jolgorio donde uno daría lo que fuera porque la sombrilla tuviera aislamiento sonoro y el paisaje se despoblara dejándonos solos frente a la visión del mar. Pero no, ahí sigue la parentela, los niños reclamando les ayudes a hacer una presa, a pillar camarones con el troel o cualquier otra ocurrencia, menos dejarte tranquila, dejarte leer. Es éste el tipo de libro más adecuado para sustraerte a tales situaciones: un libro de quita y pon, fácil de retomar, fragmentado, muy apropiado no sólo al veraneo, sino a la vida apurada y fraccionada que nos ha tocado.
Le viene de lejos al autor esta maestría en el monólogo y la fragmentación: fue guionista, entre otros, del genial Nanni Moretti en El caimán y Habemus papam.

by Miss K.
Full Article

“Momentos de inadvertida felicidad”, de Francesco Piccolo.

Traducción de Xavier González Rovira. Editorial Anagrama (2012). País: Italia. Páginas, 148.

93 páginas (en ebook) de un monólogo fluido, momentos incorrectos casi todos ellos, o aquellos que se piensan y raras veces se cuentan, mucho menos se escriben: esto es lo que el italiano Francesco Piccolo nos trae en este libro. Literatura miniaturista que recuerda a otros ya clásicos italianos, como la doméstica y preciosista Natalia Ginzburg o el intimista y sincero Alberto Moravia. Una breve delicia.
La crítica ha aplaudido, aquí y allí (Italia), la sinceridad de estos “momentos” que no hacen sino desvestir al autor (presuponiendo que las emociones que relata sean suyas), revelar un sinfín de debilidades en las que es casi imposible no reconocerse y que nos enfrentan a las miserias y virtudes inadvertidas del ser humano más común. Vive la normalité!, que proclama hoy François Hollande. Porque es un monólogo de un tipo normal, que tal vez el autor no lo sea tanto (nada nos dice de sus vicios secretos, sus anomalías de escritor, imprescindibles para serlo o creérselo; y no las cuenta porque ya lo hizo en su único libro anterior traducido al español: Escribir es un tic: los métodos y las manías de los escritores, editorial Ariel, 2008). De ahí, de su sinceridad y normalidad, que cale tanto en el lector, que seguirá las líneas de la narración (sin orden argumental alguno) con media sonrisa en la boca y la mirada entre guiñada o pícara: sí, ahí también me veo.
Procuraré no caer en el registro fácil que ha utilizado la mayoría de aquellos que han reseñado el libro de Piccolo, recurriendo a sus propios fragmentos: así de fácil lo pone el autor, cuando habla de su aversión a las colas, de las manías de los surtidores de gasolina, de sus reflexiones ante la máquina de vending o del hastío que le suponen los encuentros al retorno de las vacaciones frente al sempiterno álbum de fotos de los amigos. Actos muy íntimos (no escatológicos, es de agradecer) y actos sociales que repetimos como clones de la raza humana que somos. Tiene, eso sí, un componente parcial en cuanto a la visión masculina de las cosas; masculina de un tipo medio (que se pretende) y muy italiano (algo machista pese a su edad, de 1964, Caserta, sur de Italia), lo que no deja de ser, esto del machismo, una incorrección más de sus “momentos”.
Anagrama, su editorial en España, lo recomienda como lectura de verano y me parece un acierto, para esas tardes de reunión y jolgorio donde uno daría lo que fuera porque la sombrilla tuviera aislamiento sonoro y el paisaje se despoblara dejándonos solos frente a la visión del mar. Pero no, ahí sigue la parentela, los niños reclamando les ayudes a hacer una presa, a pillar camarones con el troel o cualquier otra ocurrencia, menos dejarte tranquila, dejarte leer. Es éste el tipo de libro más adecuado para sustraerte a tales situaciones: un libro de quita y pon, fácil de retomar, fragmentado, muy apropiado no sólo al veraneo, sino a la vida apurada y fraccionada que nos ha tocado.
Le viene de lejos al autor esta maestría en el monólogo y la fragmentación: fue guionista, entre otros, del genial Nanni Moretti en El caimán y Habemus papam.
Y sí, finalmente no me resisto a esto del aperitivo o pica-pica: va una de restaurantes, fragmento de inadvertida felicidad.

“Cuando salimos a cenar en grupo a un restaurante, hago todas las maniobras para evitar que el camarero proponga de primero un pica-pica para compartir; porque la velada se me hace tensa esperando que llegue, ese pica-pica de primero para hacerme con la mayor, cantidad posible, y esto comporta un ímpetu tal en la consumición que la masticación se convierte en un hecho aproximativo y, en consecuencia, también la digestión. Por ello prefiero pedir sólo para mí, comer todo loque me gusta y si alguien quiere que pruebe el plato que ha elegido, le digo que no, así tengo yo derecho a no dejar probar nada a los demás. Cuando hago una reserva en el restaurante, dejo el nombre de uno de los que vendrán a cenar conmigo; o bien me invento uno expresamente. Porque siempre tengo la sensación de que los propietarios de los restaurantes pueden reclamar a los clientes que no se han presentado tras haber hecho una reserva –o la han anulado en el último minuto. Luego, cuando llego, le digo el nombre al camarero en voz baja, porque me da vergüenza que mis amigos me descubran”.

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