Albert Espinosa, ingeniero del arte

0
Posted April 16, 2012 by Miss K. in Entrevistas
albert espinosa

Escribió junto a Antonio Mercero el guión de Planta Cuarta, basada en su obra teatral Los pelones y en su propia experiencia (padeció cáncer entre sus 14 y 24 años). Joaquín Oristrell y María Ripoll estrenan sendas películas sobre guiones suyos: “Nadie es perfecto” y “Tu vida en 65 minutos”. El 10 de febrero estrena en el teatro Tarantana “Idaho y UTA (nanas para nenes malitos)”. Su próximo proyecto es dirigir en cine otro de sus éxitos teatrales, de nuevo una comedia agridulce sobre la enfermedad: “No me pidas que te bese porque te besaré”.

Bibliografía de Albert Espinosa en eBook Kindle

No crean que es fácil definir a Albert Espinosa, pero déjenme que lo intente: militante de la vida, ingeniero del arte. No es un juego palabras sino las premisas esenciales de un tipo que a golpe de vista, después de arrastrar por el salón del hotel su pierna hidráulica, se sienta frente a ti y te dice: “tuve cáncer durante 10 años y fui muy feliz” o “me apuntaría a una enfermedad que me enfrentara al amor”. No son boutades lo que sale de su boca, frases para epatar, sino el sustrato vital de este ingeniero industrial (Barcelona, 1974), guionista de televisión y cine, laureado autor dramático, actor por encima de todo e inminente director de cine. Padeció, entre sus 14 y  24 años, un cáncer primario y dos metástasis en los que se dejó la pierna izquierda, el pulmón idem y un pedazo de hígado. Simultaneó la vida de hospital con los estudios y luego la universidad, donde, limpio ya, montó el grupo de teatro Los pelones, del que han salido muchos éxitos teatrales y una gran película, Planta Cuarta (dirigida por Antonio Mercero). Actuar es su pasión primordial y en su defecto (no soporta los tiempos muertos del plató), escribe. Y lo que escribe es un tipo de comedia “agridulce” que confunde realidad con ironía, tal y como él confunde los motivos (la causa) con la suerte (casualidad).

Albert y Miss Kindle

-¿Sería capaz de escribir una historia sobre gente… normal?

En televisión sí hago personajes digamos normales, pero cuando me meto en una historia que va a implicarme durante uno o dos años, porque es lo que ocurre con el teatro y ahora el cine, me gusta tratar los temas que  a mí me tocan; lo hago para intentar cambiar algo. Me parece importante retratar la realidad.

-Hace comedia en torno al cáncer y todo tipo de minusvalías, ¿eso es ser realista?

Sí: son películas alegres porque la vida es alegre. Tengo muchos amigos cojos, ciegos y sordos: vives con la pérdida, pero no pierdes la alegría. Son asuntos en torno a los que se han creado muchos tópicos. Cuando una película aborda el cáncer, por ejemplo, sólo enseña el  miedo y el dolor,  no hay ni un momento feliz. Bien, pues yo fui muy feliz durante esos 10 años y no tuve dolor físico. El cáncer te da una fuerza interna enorme, porque pierdes el miedo a la muerte, convives con ella y ves las cosas de otra manera. Y otro tópico, ¿por qué los cojos, ciegos o sordos son siempre secundarios? Para mí lo más importante de mi vida es haber perdido una pierna, y no me importa hablar de ello: yo voy por el gimnasio con pantalón corto, y la gente hace como si me viera dos piernas, no me pregunta por ello, sólo lo hacen los  niños.

-¿Cómo hemos de comportarnos entonces?

Lo más importante es preguntar, para intentar entender qué significa la pérdida, qué necesidades supone. Si tú comprendieras el hecho de mi pierna ortopédica, te olvidarías de ella; o sea, lo contrario a lo políticamente correcto.

-¿Usted se siente diferente?

Sí, por ser ingeniero y trabajar de guionista, pero no porque me falte una pierna o un pulmón.

-Y ¿por qué tiene tantos amigos cojos, ciegos, sordos…? ¿cultiva a propósito amistades con personas… disminuidas?

No, me vienen dadas de mis estancias en el hospital: cuando pasas tanto tiempo allí acabas haciendo amigos. Me interesa explicar las minusvalías para devolverles su sentido.

-¿Cómo ha de decirse: disminuidas, discapacitadas, diferentes, extrañas…?

A mí me gusta llamarles especiales. La discapacidad es una categoría que la adjudica la sociedad. Yo no tengo oído musical, ¿es eso una discapacidad? Y hago de todo sin una pierna, igual que un ciego, pero somos especiales.

-¿Qué opina del cambio de denominación constitucional, de disminuido a discapacitado: una intención nueva o simple maquillaje?

No hace falta el cambio, ni siquiera hace falta un nombre, porque la impresión es que nos estás rebajando de categoría. Lo importante es que cada colectivo, ciegos, sordos, cojos… hable de su pérdida sin miedo, con normalidad, lo mismo que debe hacerse con el cáncer.

-Enrique Vila-Matas cita a André Guide en El mal de Montano: “Las enfermedades son llaves que nos pueden abrir ciertas puertas. Hay un estado de buena salud que no nos permite comprenderlo todo”.

Sí, va por ahí. Además, el cáncer es una enfermedad coral, que influye no sólo al enfermo sino a todo su entorno. Es una lucha diaria e intensa por la vida que te abre puertas que jamás podrías abrir por ti mismo. Yo dejé el colegio con 13 años, no volví a clase hasta la universidad, y mi mundo y todos mis referentes cambiaron; tuve la buena o mala suerte de tener una juventud distinta.

-Albert, todas su ficciones, hasta ahora, parten de su experiencia personal: ¿su vida es un saco sin fondo?

Bueno (ríe) me gusta que el germen sea algo autobiográfico y, a partir de ahí, desarrollar una ficción. En el teatro he descubierto la mezcla perfecta entre ficción y realidad.

-En la película que va a dirigir, que parte de una obra de teatro suya (No me pidas que te bese porque te besaré), el protagonista aprende a contemplar sus problemas a través de los deficientes mentales: ¿qué se aprende ellos?, ¿qué aprendió usted?

Muchas cosas, sobre todo la simplificación de los problemas. Y entendí que las etiquetas que les ponen (síndrome de down, autista, etcétera) no son reales, les empequeñecen. El protagonista descubre las claves de su vida, porque le hacen unas preguntas insólitas, con un enfoque completamente diferente, que es lo que a ellos les hace especiales. Yo creo que hay cosas que ellos hacen mejor que  nosotros, y ahí está su hueco en la sociedad.

-En el texto se dice que debemos ser capaces de que la gente entre en nuestras vidas…

Cuando yo era pequeño quise aprender guitarra, pero el primer día que el profesor vino a casa me dio una púa y acto seguido murió de un ataque al corazón. Entonces mi madre dijo: la gente entra y se muere. Y de esto, que para mí es un resumen de la vida, nace la obra de teatro: al protagonista le cuesta que la gente entre en su vida porque teme que después las amistades y las relaciones se le mueran. La obra recomienda lo contrario: si dejas que la gente entre y te encuentre, descubrirás muchas cosas y entenderás tus propios sentimientos.

-¿Su vida está muy llena, muy habitada?

Yo dejo que la gente me entre, porque cualquier cosa que me ocurra puede servirme para una ficción; incluso a veces las provoco: voy a un hotel y pido que me cambien de habitación hasta siete veces, para ver qué pasa. También viajo para que me ocurran cosas, porque esto es la base de un guionista. Y no me gusta encasillarme en un trabajo, yo hago radio, escribo en prensa, doy cursos… Es mi alma de ingeniero: me gusta tocar todo, soy un ingeniero/guionista. En la ingeniería industrial es donde arte y ciencia más se tocan.

-Otra de sus obras de teatro se estrena en la pantalla con dirección de María Ripoll: Tu vida en 65 minutos. ¿Usted se cree lo que dice, que toda la felicidad de una vida suma sólo 65 minutos?

Sí, para mí al menos: el 65 es un número fetiche, es un número que se repite en mi vida, desde el colegio: resume tus vacaciones en 65 palabras. Y sobre esta idea, quería hacer una comedia divertida sobre la muerte, sin humor negro, que es lo único que he se ha hecho hasta ahora. ¿Por qué no se habla de la muerte de un modo normal? De todas mis obras de teatro es la más representada, y la más internacional.

-¿Cuántos de estos minutos ha vivido ya y cuántos le quedan?

Bueno, lo que hago es que voy quitando alguno ya vivido para seguir sumando.

-De nuevo en “No me pidas que…” se habla de un individuo que duda entre mantener o romper su pareja: ¿por qué decimos amor  cuando queremos decir costumbre e incluso sentido de la propiedad?

Las relaciones personales son muy complicadas y las de pareja, mucho más; pero más difícil aún es deshacerlas. Yo creo que el gran asunto de hoy es saber si quieres o no a tu pareja, qué sientes por ella. Y es tan difícil medirlo… En el amor, cada uno tenemos nuestro movimiento, como en el ajedrez: unos son como peones, sólo pueden dar un paso, y otros son alfiles, se van hasta la otra punta en un momento.

-¿Existe mayor minusvalía que la incapacidad de querer y expresar sentimientos?

No, la peor minusvalía es la emocional. Cualquier otra minusvalía puede olvidarse en 20 minutos, pero la emocional, no.

-Estos discapacitados del amor, pese a ello, mantienen una apariencia normal: ¿individuos peligrosos?

(Ríe). Sí, yo creo que sí (ríe): no lo había pensado nunca. Además, la incapacidad de amar es un asunto tabú, como la muerte.

-Dice que perdió miedo a la muerte desde la primera fase de su enfermedad, ¿y al amor?

Voy descubriéndolo y no, no le tengo miedo, estoy muy abierto a lo que me pase: si hubiera una enfermedad que me enfrentara al amor me apuntaba, para entenderlo mejor. Es un asunto complicado y hace falta mucho tiempo para experimentarlo, pero la actualidad nos obliga a ir demasiado rápido: perdemos la paciencia.

-Si el  miedo a la  muerte no es sino el miedo a lo desconocido, ¿por qué la ocultamos, por qué no afrontarla en toda su dimensión, conscientes?

Porque faltan referentes que nos inviten a reflexionar, y ahí el cine y el teatro tienen una gran llave. Pongamos los telediarios, por ejemplo: nos saturan durante varios días seguidos de una misma imagen de muerte, sólo imagen, y luego la olvidan. El resultado es que el espectador queda anestesiado, no reflexiona, no llega a entender los conflictos.

-Dice sentir que vive unos años de más que alguien le ha regalado, ¿quién es alguien?

Salir de tres cánceres que tienen tanta mortalidad es como vivir unos años de más, y en mi caso tienen mucho que ver con mi familia y mis amigos, que me apoyaron tanto.

-¿Cuándo la vio más de cerca, la muerte?

No hubo ningún momento determinado, fue una lucha constante y consciente: sabía que podía morir, pero no quería, porque era muy feliz. Los momentos más crudos tenían que ver con la quimioterapia, que es el gran miedo de cualquier enfermo de cáncer, porque produce dolor físico.

-Albert, entre sus tantísimas facetas: ingeniero industrial, actor, guionista, dramaturgo, inminente director de cine… ¿cuál era su vocación?

Entre ingeniero y actor. Lo de guionista vino dado porque quería contar unas historias, y luego, dirigirlas. La ingeniería es una forma de ver las cosas, una vocación; soy un actor/ingeniero.

-Entonces, ¿por qué escribe, si escribir es un dolor?

Para  mí no lo es. No sufro escribiendo asuntos sociales, escribo comedias: es como mejor me lo paso.

Caído del cielo

Albert Espinosa es un individuo que va por la vida esperando que le sucedan cosas y luego, si le parecen curiosas, las cuenta. Por eso va también muy atento a lo que él llama casualidad. Por ejemplo: con 14 años, enfermo de osteosarcoma, le dicen que van a amputarle la pierna. Su médico (“tuve médicos muy inteligentes”) le recomienda que le haga una fiesta de despedida, a la pierna. Invitó a gente con la que había jugado al fútbol, para recordar grandes goles, y a sus amigos excursionista, y se marcó “un baile a dos piernas”con la enfermera al son de Espérame en el cielo, de Machín, título además de una de sus películas preferidas, de Antonio Mercero (primera casualidad). La segunda vino del cielo, en forma de Tobi, el protagonista de otra peli de Mercero a quien le nacen unas alas: “idéntico sueño tuve yo el día que ingresé en el hospital: quería salir volando”. Escribió, dirigió y representó con éxito una obra teatral sobre su enfermedad, Los pelones, y ¿quién creen que la llevó al cine?, pues Mercero, “que además para mí es el gran director español”. //Albert es un tipo que va por la vida haciendo listas, contando, al tanto de los números: “cuando un número o algo se repite en tu vida, es por alguna razón: si a una persona la encuentras tres veces a lo largo de un día, significa algo. La casualidad indica una causa, y una dirección que has de tomar”. Cinco, seis, siete… Y otra, estaba dirigiendo una obra de teatro en la facultad de Ingeniería y por casualidad pasó por allí el jefe de guionistas de Televisión de Cataluña, la vio y le ofreció trabajo. Hace de esto 10 años: “no, no fue suerte ni un azar, ahí había un camino. Mi vida está muy marcada por estos momentos”.

Entrevista Albert Espinosa


0 Comments



Be the first to comment!


Leave a Response


(required)

','

'); } ?>