Chico Buarque falando con Miss K., de literatura

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Posted February 29, 2012 by Miss K. in Entrevistas
Chico Buarque

Lo conocemos por su música, cantautor brasileño emblema de la lucha contra las dictaduras. Incluso lo hemos visto en la pantalla o componiendo bandas sonoras.

Pues bien, la literatura era su pasión primera.

Hablamos con Chico Buarque sobre Budapest, su tercera pero no última novela: la historia de un ser duplicado enamorado de mujeres y palabras; es decir, él.

Chico Buarque y su lado escritor en Kindle Amazon
Quiso ser Guimaraes Rosa (eminencia de la literatura lusa) siendo él un niño, y de joven, Joao Gilberto (el rey de la bossa nova). Chico Buarque es hoy un señor maduro (60 años), atractivo y esbelto, que te mira desde unos ojos azulísimos a punto de desprenderse de su tez, tostada. Un señor, Chico (o sea, Paco en portugués), que además de afamado músico, de fama universal, ha logrado una voz literaria originalísima, que se lee como se canta. Su tercera novela, Budapest, está llena de él, de sus sueños y obsesiones; normal. Pero me habían advertido que el autor era una estrella, de un firmamento (el show-biz) que no brilla especialmente por su transparencia: no hagas preguntas sobre su pasado ni sobre su música, ah, ni mentar su vida privada, of course. Vamos. Sin apenas cuestionarle, Chico Buarque ha ido desgranando sus cuitas consigo mismo: la persecución de la fama, su duplicidad, el deporte noctívago que le gusta, el ladrón de coches que fue, el rebelde con causa (después), y hasta sus pasiones incorregibles: mujeres y palabras. Irónico, a cada instante, su ironía va tintada de cierta gracia carioca; melosa, gutural, tierna y lenta. Cuando terminamos de hablar, sin más preguntas por medio, contó de su hija Helena y su esposo, Carlinhos Brown (Marrón, dijo), y de la música que aquella semana le esperaba en Barcelona: “cuando acabe con esto, cerraré la puerta del escritor: me hace falta la alegría de los músicos”.

-¿Cómo es posible que no supiéramos o que tan pocos supieran de su carrera literaria?
Publiqué mi primera novela en España hace unos 12 años, ésta es la tercera. Pero el público de la música es muchísimo más amplio que el de la literatura.
-Me sigue extrañando, ¿por qué no ha aprovechado su fama para vender libros?
Porque no es transferible, y sería peligroso y confuso. Al contrario, he tratado de separar bien ambas facetas porque en principio hay ciertos prejuicios contra un músico que escriba: es sospechoso, ¿un hobby? Pero después de 15 años estoy a salvo: he logrado que se me considere y se me valore como escritor al margen de mi música.
-Cuenta que su vocación literaria fue primero, que antes le interesó escribir que hacer música, ¿compuso por un compromiso social?, ¿la guitarra llegaba más rápido que la escritura?
No, era demasiado joven para compromisos. Mi padre era crítico literario e historiador, nuestra casa estaba empapelada de libros, así que yo empecé a escribir muy joven, incluso publiqué un cuento: iba a ser escritor. Pero cuando llegó la música de Joao Gilberto, Jobim… la bossa nova me raptó. Abandoné la literatura y me entregué a la música, pero nunca dejé de escribir, canciones, textos para el teatro e incluso una novelita.
-¿Cuándo volvió a sentir que necesitaba la literatura?
En el 89 pasé un año sin componer ni escribir canciones, y entonces sentí que tal vez podría volver a intentarlo. Cerré la guitarra en su estuche, olvidé la música y me puse a escribir y escribir. Finalmente salió una novela, Estorbo.
-Y ahora, ¿por qué Budapest, una ciudad que ni siquiera conocía?
Por la lengua húngara. El protagonista, como yo, es un tipo apasionado por las palabras. En un determinado momento decide dejar su tierra, y para olvidar y nacer de nuevo, intenta olvidar su lengua. Busca entonces el país que tenga el idioma más extraño al portugués y, por casualidad, conoce el húngaro y se enamora.
-Y Chico Buarque, ¿por qué conoció el húngaro?, ¿por qué se enamora?
Al principio intenté crear un país y un idioma imaginarios, pero después recordé esta lengua, que parece inventada. Mi primera pasión por Hungría y el húngaro vino a través de su selección nacional de fútbol del 54, yo tenía 10 años y ponía a los jugadores del futbolín los nombres de los húngaros, Puskas, (buscar). Después, con 17 años, tuve una novia húngara que me enseñó a pronunciar bien aquellos nombres y también, las palabras que se dicen los enamorados. Cuando me puse a escribir el libro, todo el misterio del húngaro me volvió a la cabeza. Es una lengua misteriosa de origen incierto, que nada se parece a las lenguas de los países circundantes pese a que su historia es bastante común.
-El mundo que vivimos se construye de transmigraciones de pueblos, integración o choque de culturas, ¿un emigrante tiene que despojarse de lo que trae para integrarse en el lugar extranjero, como le sucede a su protagonista?

 


No sé si es necesario, pero se da. Conocí bien a los emigrantes exiliados del régimen brasileño en Europa, y son de dos tipos: los que sólo se relacionan con compatriotas y tienen su cabeza puesta siempre en el país de origen; y aquellos que intentan olvidar su pasado e integrarse en la cultura de acogida. Hoy los motivos de la emigración son económicos, pero el resultado es el mismo. Lo único que ha cambiado es que cada vez hay más racismo y discriminación, y cada vez es más necesario el intercambio cultural.
-¿Cuánto hay en la novela de los deseos de Chico Buarque de desaparecer, ser otro?
Es normal que uno, después de hacerse famoso, tenga la ambición de recuperar el anonimato. La persecución de la fama me parece una locura. La obsesión de este tipo es el anonimato, por eso elige ser un negro de la escritura, escribe para que otros firmen y se lleven la celebridad. Y yo en cierta forma conozco ese sentimiento, porque cuando me puse a escribir fui un escritor fantasma, un negro de mí mismo: nadie sabía qué era lo que estaba haciendo.
-¿Todos somos dúplices, o incluso múltiples?
Sí, claro. Todos somos ambiguos o contradictorios, unos los son más, los esquizofrénicos, y otros, menos.
-¿Usted lo es mucho?
Tal vez, no lo niego. Dicen que es una característica de los géminis, pero como yo no entiendo nada de astrología… Tengo dos vidas completamente separadas que son como Río de Janeiro y Budapest: cuando escribo, no hago ni escucho nada de música, me vuelco en mi literatura, aunque en ella persista un acento musical, un recuerdo vago del otro tipo que fui antes: el músico.
-Rebuscando, he encontrado al menos una contradicción en sus aficiones: pegarle al balón y pegarle a la bebida, ¿cómo se combina?
Soy un deportista nocturno: un fumador que juega al fútbol y bebe vino. Me gusta el juego y el movimiento, pero no el ejercicio ni la gimnasia. Mi vida no es saludable, no soy un atleta.
-A su padre le debe la literatura y a su madre gran parte de la música. Siendo hijo de tanta cultura…
No, no, la música se la debo a los dos. Ella no era concertista, como se ha dicho, no: tocaba el piano porque formaba parte de su educación, como el francés. Mi padre era un intelectual bohemio, vivía rodeado de artistas; a él le debo mi bipolaridad: la música y la literatura.
-Iba a preguntarle, ¿qué demonios hacía usted robando coches, su primer acto de celebridad?
Por diversión: robé unos 20. Eran los tiempos de la rebeldía sin causa, James Dean y todo eso. Comparados con los jóvenes de hoy, éramos muy inocentes: no teníamos drogas ni más maldad que robar un coche, pasearnos, dejarlo en el extrarradio y volver a casa en el ómnibus.
-Su padre se mantuvo rebelde hasta el último día, ¿usted en cambio, ha ido perdiendo la rebeldía?
Fui un rebelde con causa a partir de los años 70, el tiempo de la dictadura: un opositor trabajando bajo censura y prohibiciones. Pero hoy tenemos democracia y ese tipo de rebeldía contestataria no tiene sentido, lo cual no hace de mí un tipo conformista, no.
-Somos globalmente más demócratas, pero ¿no es cierto que la dictadura económica puede ser igual de cruel?
Sí, claro. Pero tenemos libertad para denunciar lo que no nos gusta: la libertad de expresión cambia las cosas, aunque los motivos de descontento persistan.
-¿Está cumpliendo Lula todo lo que se esperaba de él?
Lula no está cumpliendo lo que él mismo esperaba de sí, porque encontró una situación mucho más difícil de lo que imaginaba. Pero lo peor que se esperaba de él, el desastre económico, ha sabido evitarlo ganándose la confianza del mercado y los inversores, que tanto le temían. Este fue el primer paso, y desde esta base yo ahora confío en que se den los cambios sociales necesarios. Hay que inventar fórmulas y alianzas para no ser tan dependientes del FMI y del gobierno estadounidense.
-Chico, la primera vez que le detuvieron por motivos políticos había escrito usted un artículo que se titulaba “Ni toda la locura es genial ni toda la lucidez es bella”, ¿dónde se encuentra ahora, más cerca de los locos o de los cuerdos?
Yo soy un tipo bastante lúcido que trabaja con imaginación, y la imaginación tiene que ver con el delirio, por eso tengo muchos amigos locos; los locos me persiguen: ando por la calle y me vienen detrás, paro a comprar algo y aparecen, ¡Chico!, ¡Chico!, me hablan como si fuera uno de ellos y yo me siento bien, como en casa, me gustan. Pero es un poco excesivo, hay más locos de lo necesario.
-En una biografía autorizada por usted, su ex mujer (la actriz Marieta Severo, madre de sus tres hijas) lamenta “los muchos Chicos que fueron quedando por el camino”, ¿qué lamenta usted haber dejado atrás?
No he dejado nada. Tengo una maleta grande en la que guardo muchos Chicos, pero están encerrados. Es un saco pesado lleno de palabras y sonidos, y si lo abro es como la caja de Pandora, salen ángeles y demonios. Pero yo no vivo del pasado, no tengo nostalgia: me gusta trabajar al día, en lo próximo; si no estoy creando me inquieto.
-El escritor, dice, es como un fantasma en su soledad: ¿la soledad la ha elegido usted para escribir o es culpa de las mujeres de hoy, que parece que no le van?
¿Quién ha dicho que no van las mujeres de hoy? No, no, a mí me encantan las mujeres, pero tampoco tanto como se dice: me han llegado a llamar obseso sexual, y ahora, resulta que soy misógino. Pues ni una cosa ni la otra. Pero sí, claro, es casi un lugar común decir que el escritor necesita la soledad para trabajar. En cambio la música, aunque se escriba en soledad, enseguida la compartes, porque es muy exhibicionista.
-Una novela musical como la que ha escrito debe de ser para usted un ideal, ¿y a partir de ahora?
Estoy cerrando la puerta de la habitación del escritor. Cuando regrese a Brasil volveré a ser músico, me hace falta la alegría de los músicos: salir, ver gente, tocar, tomar una cerveza y para casa. Espero que algún día el escritor regrese.
-Si de niño quiso ser Guimaraes Rosa y de joven, Joao Gilberto, ¿a la madurez, está contento de haberse conocido?
Sí, hace ya un tiempo que soy Chico Buarque, tengo mi lenguaje personal, original, intransferible.

El ladrón de coches
Tenían 17 años los pivetes, F. B. H. y O. J. Pasaban el rato robando carros, les divertía, facilísimo, “bajabas la ventanilla pegando las dos manos con fuerza sobre el cristal hasta que, zas, cedía. Entonces juntabas los cables y run, run, run”, de paseo, al campo, hasta agotar el caldo, y volvían en autobús o andando. Pero un día quisieron reincidir, o sea volver a levantar uno de los 20 coches que ya habían robado: el dueño había quitado una pieza del motor de arranque y aquello no iba, y ellos insistían, dale que dale, dale, y de pronto, ío, ío, ío, la poli, avisada, que allí mismo les pilla. Les detienen, les fichan, les enchironan, les patean y les condenan a arresto domiciliario hasta cumplir la mayoría de edad; encerrados en casa a partir de las ocho de la tarde, en su condición de delincuentes, fuera año nuevo o carnaval, recuerda. Así se escribió la primera aparición estelar de Chico Buarque en la prensa nacional, desde Sao Paulo para el mundo. El primer Chico, rebelde sin causa, James Dean jugando a dejar un cadáver joven; luego vendrían otros muchos, de más provecho y mejor rebeldía.


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