Dragones de Fernando León

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Posted February 5, 2013 by Miss K. in Entrevistas
Entrevista a Fernando León

Cinco películas y cinco premios Goya después, descubrimos que Fernando León, antes que cineasta, es escritor de cuentos, premiados también. Acaba de recoger 17 años de historias cortas y poéticas en un libro, “Aquí yacen dragones”, donde el autor se muestra como desnudo ante un espejo. Hablamos del miedo como arma contra la democracia y de la necesidad de rebelión, pero también de infancias y paternidades.

Sus “dragones” salen a la venta el próximo día 12. 

Entrevista a Fernando León

Lo encuentro de tarde vagando por las calles de su barrio, el tan castizo Tirso de Molina, en lo alto de Lavapiés, libro y moleskine en mano, cuan largo es y su coleta de caballo. Enfundado en un ligero gabán y unos mitones desnudos, con el frío que cae, que hasta la nieve ha cuajado esta mañana. Lo encuentro vagando entre anaqueles de una librería, que es coffe-shop también, y me lo llevo al bar de la esquina, con su lápiz en la mano, gran invento el lápiz, me cuenta, que escribe hasta en el frío y boca arriba, que él no suelta sino para dormir. Y del primer bar con caña de cerveza y sillones vintage, nos vamos al siguiente, y por fin ahí, en la Vinícola Mentridana, encontramos el escenario ad-hoc para hablar de dragones que yacen en el mar de su fantasía. Aquí yacen dragones, editorial Seix Barral.

Me cuenta Fernando León de Aranoa (Madrid, 1968) que los cuentos fueron en su vida anteriores al cine, que le atrapó sin remedio con su primera película, primer éxito (Familia, 1996; de hecho, hay en Dragones un cuento que es antecedente de aquel filme, Los adioses elegidos). Pero que no dejó de escribir pese a las películas, historias de 17 años de vida que hoy publica y así se desquita de tanto cine (Barrio, Los lunes al sol, Princesas, etcétera, hasta cinco pelis en esos mismos años).

En la ficción de sus cuentos y la realidad imprevisible de su vida o la vida, a Fernando León se le nota: a) que es un tipo educadísimo (en medio del diálogo la grabadora se quedará sin pilas y él se empeña en ir al chino del barrio a buscarme una nuevas, carga de bar en bar con mis papeles, libros, cartapacio, y todo en este plan, cortés y valiente); b) que no quiere crecer y que nació alto por equivocación, Nacido alto, retrato al desnudo; c) que sólo cree en la gente pero cree mucho: “la gente es santa”; d) que detesta el escepticismo , asesino del arte y la fantasía; e) que no tiene miedo pero teme que a base de miedo el poder se esté cargando la democracia, y f de Fernando (Los nombres), que ha sido padre y le fascina aunque prefiere que ni se note: su hija ya “está en los cuentos”, El error de Arquímedes.

-¿Cuántas cosas improbables le han sucedido últimamente?

Pasan todos los días, basta con abrir un periódico. La realidad es muy improbable, es muy poco realista, y es lo que trato de contar en mis películas. Pero de otro modo la vida sería aburridísima.

-¿Ésta de ser escritor, era improbable?

No, estaba meditada hace tiempo, pero más que improbable era difícil conseguir editorial. En realidad los cuentos fueron antes que las películas, a los 19 años quedé finalista del Premio Camilo José Cela y más tarde gané el Antonio Machado de narrativa breve. Pero luego me volqué en la escritura cinematográfica y en la dirección, que es una forma maravillosa y divertidísima de ganarse la vida, aunque buscando siempre huecos para seguir escribiendo cuentos, que a veces he publicado en libros colectivos.

-Son cuentos escritos a ratos sueltos, dice, en lapsus de cine y aeropuertos. ¿Cuántos ratos escribiendo para sumar Aquí yacen dragones?

Se remontan al tiempo de mi primera película (Familia, 1996, Goya a la mejor dirección novel, candidata al mejor guión original). Hace 6 años les puse título, porque aquello iba tomando cuerpo de libro; un libro que en cierta forma es un desquite: me gusta estar en muchas historias a la vez, pero hacer una película acapara varios años de tu vida.

-Fernando, ¿improbable es que en este país se siga haciendo cine?

Sí, pero como dice la Poética de Aristóteles (cita), “probable es que a veces sucedan cosas al margen de lo probable”.

-¿Nos queda esa salvedad?

Por fortuna, pero es verdad que es difícil que se siga produciendo cine en este país.

-Los dragones avisaban a los navegantes que donde la tierra conocida terminaba, empezaba el territorio del miedo, o sea la imaginación: ¿tenemos miedo a nuestra propia imaginación, eso es el miedo, lo que podemos llegar a imaginar?

Yo creo que tenemos miedo a lo que desconocemos, eso nos inmoviliza, y de ahí la función maravillosa de la ficción, incluso del cuento que una madre inventa para su hijo: intentar dar explicación a las cosas. Es una herramienta de comprensión maravillosa.

-Como la fe es para los creyentes, dice su prólogo.

Sí, porque te permite articular el caos del mundo y sus relaciones.

-¿Usted tiene miedo a su propia imaginación?

No, para mí es tranquilizadora, es una forma de llenar el vacío. Pero entiendo que a otros pueda darles miedo.

-El miedo ha sido siempre una de las más eficaces armas de poder. ¿Está el Gobierno utilizando el miedo para justificar el menoscabo de nuestros derechos?

El miedo sirve para imponer, para hacer chantaje. Y es lo que está ocurriendo ahora mismo, sí. Con la amenaza de la crisis consiguen que aceptemos lo inaceptable: los recortes, la privatización de todo, hasta de lo más impensable: la Justicia. Y todo gracias al miedo, a la advertencia.

-¿Cuánto habrá de real y cuánto de ficticio es esta atemorizante crisis?

Yo creo que hay mucho de ficticio. Y aunque tenga un componente real, resulta muy conveniente para aplicar el recorte de todo tipo, incluido el de la libertad. La libertad de manifestación, por ejemplo: me parece una forma de cargarse o al menos empobrecer la democracia.

-Paradójicamente, si el poder articula la rebelión, ésta desaparece. En cambio, si amenaza con limitar el derecho de manifestación, ¿será que por fin podremos rebelarnos?

Sí, puede ser que la rebelión esté hoy más cerca, es verdad: depende de la paciencia de la gente, que está aguantando muchísimo. Quizá la solución sería no permitir que se articule el espacio de protesta, porque puede llegar el momento en que la rebeldía esté hasta esponsorizada.

-Cada vez que se descubre un nuevo caso de corrupción, porque conviene a alguien, parece que los ciudadanos cayéramos del guindo para volver a encaramarnos en cuanto las noticias cesan. ¿La corrupción es inherente al poder?

No debiera serlo. Es una cuestión muy grosera y aburrida, sobre todo porque su rasgo distintivo es que la cometen sujetos que no tienen necesidad alguna, haciéndolo aún más incomprensible. Más bien parece algo inherente a la naturaleza humana: el que tiene siempre quiere más, y el poder le permite esta ambición a quien lo disfruta.

-Fernando, ¿qué tiene contra el escepticismo?

Tengo todo contra el escepticismo, que es una cobardía que mata la creatividad. El escéptico no se moja: es mucho más valiente el que apuesta y muestra sus entrañas. Cuando uno no tiene entusiasmo y una cierta inocencia y capacidad de sorpresa, no tiene nada que contar. Es muy aburrida y cínica esa gente que está de vuelta y cree que lo sabe todo. Escribir consiste en no caer en ese escepticismo sino, al contrario, mantener la curiosidad y el niño que fuiste, dejándote sorprender por las cosas. La curiosidad es el motor de todo, si la pierdes no tienes gracia, nada de lo que hagas tiene gracia. Y creo además que es un mal de la vieja Europa, que ha perdido su espontaneidad.

-¿Estamos viejos en Europa?

Cuando viajas a otras latitudes percibes una inocencia mayor, en el sentido de creer que todo es posible aún. En cambio el escepticismo aquí está bien considerado socialmente, es una especie de brillantez o inteligencia en las reuniones, y a mí me parece todo lo contrario.

-¿Y usted en que cree?

Creo en la gente, la gente es santa y está aguantando muchísimo.

-Hablemos de Fernando León de Aranoa, escritor que frecuenta las desapariciones, ¿le obsesiona el no-ser?

El libro es un catálogo de mis muchas debilidades y alguna pequeña fortaleza. Y responde a mis fascinaciones, y la desaparición es una. Una de las ventajas de escribir tantas y tan dispares historias (113) es que te permite la promiscuidad, la impulsividad, la impureza o impudicia de géneros. Y yo soy así, me gusta lo fronterizo, me interesa tanto la realidad como la capacidad de inventar para sobrellevarla: por fortuna somos impuros.

-Sugiere que los cuentos de este libro se lean en orden, y a medida que las páginas avanzan uno va teniendo la extraña sensación de haber leído ya alguno de los relatos, y vuelve atrás y comprueba que no es así, pero el mosqueo persiste. ¿Repite escenarios  e intercambia personajes de forma intencionada o a qué responde este extraño e hipnótico fenómeno?

Hay unos siete u ocho momentos, o sea cuentos, que apelan a la complicidad del lector y le plantean un juego. Y hay personajes que se meten en otro cuento y cosas parecidas, pero no lo revelemos.

-Vale. En Lo que el mar devuelve compara la aparición de pateras en medio de las tumbonas de la playa, con la emigración de españoles a Europa en los años 60: muy certera comparación. ¿Usted tiene memoria de esa emigración?

No directa, pero el cuento es autobiográfico, sí. Arranca en las playas del País Vasco, el Norte de mi infancia, con sus olas y sus ahogados, gordos, o sea inflados, y azules. Y luego aparece la imagen de las pateras, que es real,  tengo la foto: los inmigrantes desmayados y la gente intentando ayudar; y eso sí es lo más improbable que puede suceder, por eso digo que la realidad es muy poco realista. El mar nos devuelve las cosas y en este caso a los inmigrantes, que es el pasado de España: estos inmigrantes de hoy somos nosotros, eres tú en el instante que tengas necesidad, como de hecho volvemos a serlo ahora.

-Vuelve a aquellas imágenes del Norte y su mar frío y dice que la infancia tierna es un falso tópico: ¿cómo fue la suya de poco tierna?

No tengo quejas particulares, pero el crecimiento es un encontronazo con la realidad y esto es siempre duro, es un momento de carencias. Hay que saber encajarlo e intentar no perder del todo aquella inocencia.

-Vuelta al miedo y la imaginación, dice que el miedo es el arma eficaz “que han empleado indistintamente dictadores ¡y madres!”¿De niño se sentía especialmente amenazado por su madre?

No, en absoluto. Pero creo que es un mecanismo natural que está en todos nosotros, también como padres, y te puedes encontrar cualquier día diciéndole a tu hijo algo tan improcedente como “deberías tener cuidado con esto porque te puede pasar que…” ¡Dios mío he hecho lo que jamás pensé que haría!

-¿No suele ser un arma más propia del padre, ésta del miedo?

Lo que quiero decir es que el miedo está muy a mano, contraponiendo al dictador con el ejemplo más doméstico, que es el de la madre.

-¿Usted es padre?

Tengo una hija pequeña, y soy pudoroso para hablar de esto, pero está en los cuentos: es la pequeña Masha. Un hijo te abre muchas habitaciones en tu vida que creías cerradas, y descubres estos espacios con gran maravilla, es como un cambio de pantalla.

Las casas, ¿es la suya del olvido o de la memoria?, ¿de la memoria amatoria o de la memoria asesina?

Estoy bien en mi casa nueva, mismo barrio. Quiero contar que normalmente articulas tu vida en función de las casas que has habitado, y un buen o mal recuerdo de ese tiempo pesa mucho, por eso le atribuyo esa capacidad mágica a las casas de solucionar o no la vida a sus inquilinos. Hay casas donde las peleas son frecuentes, de espacios exiguos y tabiques por lo general delgados, y otras de muros altos y habitaciones para los hijos que vendrán: casas para la felicidad, alta renta y estatus social. Y cuando ves una casa nueva, sin darte cuenta haces un ejercicio para imaginar cómo será la vida en ella.

-Fernando, ha superado la brevedad del gran Augusto Monterroso y su dinosaurio que al amanecer ya no estaba ahí, ¿se lo había propuesto?

Primero no me atrevería, es un grandísimo cuento de un gran escritor que respeto mucho; y segundo, creo que muchos han superado esa brevedad antes que yo.


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