Cuando Dueñas regurgitaba el éxito

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Posted July 3, 2012 by Miss K. in Entrevistas
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No quería ser escritora, simplemente probar otra vida más allá de las aulas. María Dueñas es profesora de Filología Inglesa. Y probó a recrear un personaje y un escenario históricos y fascinantes: Rosalinda P. Fox, espía y amante del primer ministro de Exteriores de Franco, y el Protectorado Español de Marruecos; al fondo, España en la II Gran Guerra. Sólo el gusto de lectores y crítica ha convertido en superventas la ópera prima de esta autora, novel pero madura. En nueve meses, “El tiempo entre costuras” ha vendido 17ediciones, 300.000 libros.
Nota: en tres años, la cifra ha superado de largo el millón de ejemplares vendidos.

La vida hecha, pragmatismo y tesón, quiso inventarse María Dueñas otra forma de vivir. Doctora y profesora de Filología Inglesa en la Universidad de Murcia, madre de dos hijos, esposa, ama de casa a la fuerza; nadie diría que estos mimbres, sumados, fueran a conducirla por el camino de la pasión. Guardaba sin embargo una memoria difusa, como postal velada y sepia, de la infancia y adolescencia de su madre en Tetuán, Protectorado Español de Marruecos, una historia civil muy poco contada. Y tenía un don, el de la escritura, que nunca le había acuciado, que no era siquiera un deseo, mucho menos un sueño. Pero se reinventó escritora (“¿qué querías si no, que hubiera hecho parapente?”), totalmente ajena al dolor pasional de quien escribe por pulsión existencial; no, ella simplemente entretenida y racional. Con apenas dos capítulos escritos y ese pragmatismo femenino que padece en grado alto, buscó y encontró agente literaria. La mayor sorpresa de este ya sorprendente proceso estaba por llegar. Nueve meses después de publicar su primera novela, el gusto de los lectores y el asombro de la crítica la han encumbrado a las listas de éxitos: 17 ediciones, más de 300.000 ejemplares vendidos de El tiempo entre costuras (Temas de Hoy). Una novela que es sólo eso, novela, porque tiene de todo, folletín, Historia, romanticismo, intriga, costumbrismo, mucho argumento y personajes de libro. De los mil y un libros que María Dueña (Puerto Llano, 1964) lleva en la cabeza; de las mil y una lecciones impartidas a sus alumnos dictándoles: sed concisos con el lenguaje, y de un buen hacer en su lengua de adopción o sea el inglés.
Pronto acabará de escribir su segunda entrega. ¿Y no le da miedo quedarse ahí, escritora de una sola novela publicada? “Soy la mayor de ocho hermanos, con el cuchillo en la boca abriendo camino siempre, como para deprimirme si no me publican”. Una gran optimista, así se define ella misma.

Miss K. pregunta:

-María Dueña, doctora en Filología, ¿en que se ha convertido usted?
En una doctora en Filología que además se dedica a escribir. No me he transformado, simplemente he añadido una capa más a las múltiples facetas de mi vida, que es la de cualquier madre trabajadora.
-¿Por qué esperó tanto tiempo?, ¿a qué esperaba para ponerse a escribir?
No tenía la ambición. Pero llegó un momento en mi vida, de madurez, en que las cosas ya habían cuadrado: hijos crecidos, oposición aprobada, etcétera; y en el transcurso de un semestre como profesora invitada en la Universidad de West Virginia, decidí escribir algo sólido y fundamentado.
-¿Escribir no era un deseo permanente y latente?
No, no, en absoluto: esto no es la culminación de nada. Siempre he tenido facilidad para redactar, una crónica de viaje, un cuento para mis hijos, pero jamás me había imaginado que terminaría escribiendo.
-Es decir, ¿que nunca quiso ni soñó ser escritora?
No, nunca.
-¿Y qué pasó por su cabeza para tomar tal decisión?
Bueno, sentí que había cumplido determinadas etapas de la vida y que aún tenía fuerza y ganas para emprender cosas nuevas.
-Nuevas, sí, pero ¿por qué la escritura, que es una vocación tantas veces dolorosa?
No me iba a poner a hacer parapente o similar, ¿no? Siempre me ha gustado leer, y he escrito, y he vivido en el mundo de las letras y las humanidades, y parece que la escritura era la salida lógica.
-Sí, escribir ensayos de Lingüística, por ejemplo, pero ¡¿novela?!
No quería prolongar mi actividad académica, sino hacer algo en paralelo y que no supusiera una ruptura.
-¿Cuántas novelas anteriores a ésta le han rechazado?
Ninguna que yo sepa. Estoy rehaciendo un primer bosquejo de otra novela que escribí inmediatamente antes que ésta, que escribí del tirón, sin más. Cuando tenía los dos primeros capítulos contacté con la agencia de Antonia Kerrigan, y me pidió que le enviara toda la obra, pero no la tenía, claro. Mientras ella hacía su trabajo buscando editorial, yo seguí escribiendo, porque el proceso había sido para mí muy gratificante y entretenido. Terminé El tiempo entre costuras y resulta que se publicó antes que la primera.
-¡¿Quería vender una novela sin siquiera tenerla escrita?! ¿Qué más sorpresas se guarda?
Los años me han hecho muy pragmática, y decidí escribir pero teniendo muy claro que quería publicar. Como no conocía a nadie del mundo literario, busqué información en Internet y todo indicaba que lo más eficaz era conseguir un agente. Y eso fue lo que hice: les envié una sinopsis y los dos capítulos que tenía, y se quedaron con ello y me pidieron el resto de la novela.
-Es decir, que la aceptaron en su nómina de representados pese a que usted no tenía nada más que aquellos capítulos escritos. Y seguro alucinaron con usted, ¿se da cuenta ahora de que esto es rarísimo?
Sí, todo el mundo me dice que esto es muy raro, pero para seguir escribiendo la novela necesitaba resolver su publicación.
-O sea, que escribe una primera novela convencida de que se la van a publicar. ¿Tan segura de sí misma es usted?
Ah, no, no, para nada; lo que soy es una gran optimista, y voy a por todas. Que sale, bien; que no, no pasa nada. Tengo la seguridad normal en el trabajo que domino, pero soy una persona muy práctica y ya no tengo edad para perder el tiempo.
-El tiempo entre costuras es una novela muy ambiciosa, ¿lo es usted?
No, yo soy normal. La novela ha salido ambiciosa por sí sola, pero yo no tenía ni tengo grandes ambiciones, simplemente soy práctica y me planteo pequeños objetivos que voy cumpliendo a base de trabajo y esfuerzo, como todos. Pero ni en el más calenturiento de los sueños hubiera imaginado estar en las listas de los más vendidos.
-¿Fue a través de la lectura como aprendió a combinar tan precisamente los ingredientes de esta historia, tan variados y que han constituido un best-seller?
Creo que sí, a través de lecturas y de olfato. Pero durante la escritura no era consciente de estos ingredientes, ni mucho menos de la combinación exacta para un buen libro: 200 gramos de esto, 100 de aquello y cuatro cucharadas de lo otro; no, no ha sido tan calculado. Tenía estructurados los escenarios, los personajes, los episodios históricos, sí, y tenía claro que quería recuperar la historia civil del Marruecos colonial y la Historia de la Segunda Guerra Mundial en España, solapada casi siempre por la posguerra civil.
-Y la sencillez del lenguaje, ¿tampoco es algo intencionado?
Sí, esto sí. Me ha influido mi profesión: trabajo con la lengua inglesa, que es más concisa, y llevo toda la vida enseñando a mis alumnos a escribir con claridad, a adjetivar poco, a subordinar sólo lo imprescindible. Y creo que inconscientemente me he aplicado las mismas recetas.
-Rosalinda Powell Fox y el primer ministro de Exteriores de Franco, Beigbeder, fueron el punto de arranque de la historia. ¿Dónde los encontró?
En Internet, en un artículo escrito por el periodista Domingo del Pino. Yo tenía claro que la Historia se situaría en el escenario y el tiempo del Protectorado de Marruecos, porque tenía información de primera mano: es la tierra de mi familia materna. Y es un asunto muy evocador y cercano, pero muy desconocido, pese a que cientos de miles de españoles vivieron allí durante 44 años, y no sólo ocurrieron episodios militares, sino que hubo mucha vida civil. Conocía la pequeña historia, lo doméstico, y busqué la gran Historia de la Administración española en África, e investigando encontré primero a Beigbeder y luego, a Rosalinda P. Fox, que me pareció apasionante. Pero no quise novelar su vida, rehacer sus propias memorias, publicadas en una edición casi de fotocopiadora, ni ser intrusiva en los personajes de forma ficticia. De modo que tuve que crear un personaje, un testigo que narrara sus vidas, y así nació Sira, la modista.
-Que a fin de cuentas se come la novela y es su auténtica protagonista, ¿le sucedió sin querer?
Sí, le cree su propio mundo y ella creció y se me fue. Se comió la novela con su minúscula vida frente a la vida grandiosa de la pareja.
-O sea, le sucedió eso que los cursis llaman la magia de la escritura, ¿no?
Sí, lo había leído en entrevistas a autores, que los personajes cobran su propia vida y se pierde el control sobre ellos, y siempre me pareció una gilipollez (uy, no pongas gilipollez), una tontería. Y, mira, sí, se te van, como no los ates…
-Hace apenas tres años que Rosalinda murió, ¿llegó a conocerla?, ¿supo ella que estaba recreando su vida?
No, y es una pena, porque le hubiera encantado saber de la novela: ella era una protagonista de la vida. Ahora me escribo mensajes con una de sus sobrinas, y con gente que tuvo contacto con ella en vida.
-Dice de su novela que no es romántica, y a mí en cambio me lo parece al 100%, romatiquísima, ¿a caso le resulta peyorativo el atributo?
No, lo que digo es que no pertenece al género romántico, pero sí tiene mucho romanticismo dentro. No es romántica ni histórica ni política ni de espías, y todos estos elementos los tiene.
-¿Y costumbrista?
Tampoco, aunque lo sea parcialmente. Me cuesta mucho ponerle una etiqueta, pero mira, ni siquiera reniego de la vertiente de folletín que también tiene, lo asumo con gusto. Es una n-o-v-e-l-a, sólo eso.
-María, ¿qué es estar enamorado?
Hay muchas formas de enamorarse, hay quien se enamora con sosiego y quien pierde la cabeza. Y Sira, entre estos últimos, elige la peor forma: pierde absolutamente la objetividad.
-¿Y usted no cree que a cualquier le puede suceder esto, que un enamoramiento le rompa la vida, el destino?
Sí, pasa mucho, pero no siempre, cada uno se enamora a su manera.
-¿A usted no le pasaría? ¿Usted cómo se enamora?
Yo soy mucho más racional y fría, menos pasional, mis amores han sido siempre más sosegados; pero oye, nunca se sabe. Sí, tal vez consista en que la vida te ponga delante a la persona inadecuada. Lo vemos constantemente, incluso en personas con la vida estructurada y la cabeza perfectamente amueblada, les llega el chispazo y pierden el sentido y hacen locuras que luego lamentan.
-María, que se diga que es una novela de mujeres, escrita desde un punto de vista muy femenino, ¿le disgusta?
Me da igual, pero no es verdad: tengo muchísimos lectores que me escriben y gusta igual a unos y a otras. Indudablemente un hombre hubiera escrito esto de otro modo, pero no es aquello que me decían mis hermanos: “con este título y esta portada, no te va a leer ni un solo hombre”.
-¿Cuánto ha cambiado el universo femenino en menos de un siglo y cuánto le queda por cambiar?
Ha cambiado radicalmente: para buscarle a la protagonista una profesión que le permitiera sobrevivir sola, modista era la única factible. Y nos queda la cota del poder, que parece que no nos interesa: renunciar a todo por el poder.
-También la historia del Wolframio era algo poco escrito, apenas leyenda, ¿dónde atrapó usted la pista del mineral bélico?
Documentándome sobre la Segunda Guerra Mundial en España, encontré el tráfico de este mineral desde Galicia y Portugal al Ejército alemán. Casi todo lo que está escrito sobre esto lo han hecho los americanos.
-¿Es también esta novela una forma de recuperar el tiempo justo anterior a tu infancia?
Sí, era un legado familiar. Mi madre nació en Tetuán en el 40, y allí estuvo con su familia hasta el 57, justo después de la independencia. Mi abuelo era topógrafo, funcionario de Obras Públicas, y participó en grandes obras civiles en el Protectorado desde el año 22.
-¿Qué cosas le contó su madre de allí, que hay de su memoria en la novela?
Contaba de sus amigos, del colegio, de la playa: su infancia y juventud, la historia minúscula. Y mis tíos, todos mayores que ella, me contaron historias de mayor envergadura. Tetuán era una mención recurrente en mi casa, diaria. Y lo maravilloso es que todo el Tetuán español sigue en pie, desconchado, pero se conserva. Y ese legado es lo que quise reconstruir, porque los españoles no hemos sabido contar literariamente nuestro pasado colonial como sí hicieron los demás países europeos.
-Y ahora, María, profesora, madre de dos hijos, novelista, ama de casa, esposa, ¿escribe algo nuevo o veremos recuperada aquella primera novela?
De momento estoy recuperando aquella primera novela, para recomponerla y distanciarla de ésta: las escribí tan seguidas que me suena la misma voz. Pero tengo que marcharme de aquí para poder hacerlo. Este verano volveré al lugar donde se gestó, el sur de Estados Unidos.


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