El optimismo incorregible de Eduard Punset: un guru entre los young adults

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Posted July 2, 2012 by Miss K. in Entrevistas
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Eduard Punset ha tenido unas cuantas vidas en sus 75 años de vida. Ha sido abogado, economista, político y comunicador científico, trabajó para el FMI, fue prófugo del servicio militar y militante comunista exiliado en Londres gracias a llevar siempre el pasaporte en su chaqueta, y fue ministro encargado de las relaciones con Europa en el último Gobierno del CDS, el que hubo de agachar la cerviz por unas horas en los escaños del Congreso bajo la amenaza de un guardia civil muy macho, enviado por quién nunca sabremos a parodiar un golpe de Estado a la democracia naciente en España (mi querido Sabino Fernández-Campo, entonces jefe de la Casa Real, juró que se iría a la tumba con el secreto, y así tristemente lo hizo: no parece que quede nadie dispuesto a revelarlo en Zarzuela. Pero entre todas estas vidas del sabio y prolífico Punset, la que más me fascina es la que ahora vive, en este tiempo que él llama “robado a la muerte”. Devenido divulgador científico, fascinado como un niño con las maravillas y enigmas de la ciencia, Eduard Punset se ha convertido en un auténtico guru de la población más joven de nuestro país, al frente de un entramado de comunicación que incluye sus libros, su canal televisivo y sus propias redes sociales. Lo visité cuando cumplía 75 años.
Nació cuando la Guerra Civil llegaba a las puertas de Barcelona, por ello ni siquiera sabe con certeza qué día sucedió, aunque en el registro figura el 20N de 1936. Desde entonces, huye y transita por el mundo y el intelecto. Su último libro, Viaje al optimismo: Las claves del futuro (Imago Mundi), quiere ser una demostración científica de que el optimismo innato en el hombre nos sacará de la crisis que sufrimos.

Ha abandonado sus refugios de Sarriá y el Ampurdá y ha venido a recalar a un lugar singular: Pineda de Mar, un pueblo playero varado en los años 70, aquellos tiempos de las suecas, que siguen poblándolo; una playa de llauds varados también en la arena. Es el último pueblo en la costa de Barcelona hacia el Norte, comarcana del Maresme, y el único sin puerto deportivo en plan pijo: por eso lo ha elegido. Eduard Punset es un nómada desde el mismo día que nació, que no sabe cuál es, aunque en el registro figure el 20N del 36. La Guerra Civil llega a las puertas de Barcelona y, desde entonces, huye del mundo. Hijo de un médico rural refugiado en las montañas del Priorat, lechuzas y truchas fueron sus compañeros antes de conocer a los “homínidos”, mientras atendía la lección semanal del maestro del pueblo. Fue a los 10 años que entró en contacto con la naturaleza humana, enviado a un colegio de Barcelona; a los 17 fue becado y enviado a la Universidad de California. Abogado, economista, político y comunicador científico, trabajó para el FMI, fue prófugo del servicio militar y militante comunista exiliado en Londres gracias a llevar siempre el pasaporte en su chaqueta (lo sigue llevando, y nos lo enseña, en la blazer colgada a la puerta de casa), ministro encargado de las relaciones con Europa en el último Gobierno del CDS (“20 años fuera y se me ocurre volver ahora”, le susurró a Pío Cabanillas padre, agachado en las bancadas cuando Tejero irrumpió en el Congreso), y tantas otras vidas ha transitado este hombre que he de remitirles a las preguntas, por falta de espacio. Ahora, convertido a divulgador científico, vive lo que él llama “el tiempo antes de la muerte”: esos años en potencia que la ciencia ha ganado a la vida (acaba de superar un cáncer de pulmón, cree), entusiasmado de seguir aprendiendo y colmado de una felicidad de 9 sobre 10. La clave: disfrutar del esfuerzo y el trabajo, como un surfista en la cresta de las olas, y el símil es suyo.

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Eduard Punset publica Viaje al optimismo: Las claves del futuro (Imago Mundi), donde el autor (más de un millón de libros vendidos) viene a demostrar con argumentos científicos que hay motivos para el optimismo, que la humanidad tiene recursos y capacidad de superación para remontar la aciaga crisis que nos sacude.

-Le pregunto a quien fuera eurodiputado y ministro encargado de las relaciones con la Comunidad Europea: ¿Europa se muere?
Europa se ha construido al revés. Se unificó la moneda, porque era lo más fácil, y luego se buscó la unión económica, pero esto es justamente lo contrario a lo que habría que hacer para que funcione. De modo que cada vez estamos más lejos de conseguir una unidad económica; hasta ahora cada país podía hacer lo que quisiera en materia de déficit fiscal, y así se permitió a España ser el segundo país más endeudado del mundo después de Estados Unidos.
-Pero, ¿se muere o qué va a pasar?
Cuando se reinicie de verdad la unión, ya no se podrá deslindar como hasta ahora del gobierno mundial, aquello que se intentó tras la II Guerra Mundial bajo el paraguas del FMI: se volverá a donde se dejó. Europa no tiene sentido si no es en el marco de un gobierno mundial.
-Al economista del FMI: ¿esto es peor que lo del 29? Dicen que el curso se presenta negro como la brea…
No. Para empezar porque no es una crisis planetaria como se dice. Mentira, la crisis es de cuatro países europeos, los PIGS, que han gastado mucho más de lo que tenían, porque no había unidad fiscal.
-Al divulgador científico: ¿habremos de recurrir al inconsciente, conocimiento inmensamente mayor que el racional, para buscar soluciones?
Se ha descubierto recientemente que en el inconsciente se desarrollan procesos cognitivos más complejos y duraderos que en la propia conciencia, que sobre todo sirve para situarse en el tiempo. Pero el conocimiento verdadero está acumulado en la intuición inconsciente, tan válida como la razón; claro, claro que sería bueno recurrir a ello para salir adelante.
-A Eduard Punset: ¿que recuerda su inconsciente de aquel 20-N que le vio nacer en el aciago año de 1936?
Que una guerra civil es una distorsión superlativa de la realidad, empezando, eso, por mi propio nacimiento.
-Que ni siquiera sucedió ese día, ¿qué transcurrió entre su nacimiento y su inscripción en el registro?
Mi madre dice que nací el día 9 de noviembre, pero en mi pasaporte figura el 20. La guerra hasta te impide saber en qué momento has nacido. Mi recuerdo es el bombardeo de la estación de Sants, corriendo de la mano de mi madre, que me hace pasar por debajo de una viga que se ha corrido. Hablando de ello con el neurólogo Oliver Sacks, me contó que él recuerda un bombardeo de su casa en Londres pero que según su hermano es mentira pura, porque sus padres les habían enviado a una familia en el campo precisamente para protegerlos; sin embargo, él había creado aquella secuencia hasta hacerla real en su memoria. La capacidad para reconstruir recuerdos es portentosa, y los neurólogos nos están descubriendo que el mundo no es como aparentemente lo vemos, sino que hay un proceso de codificación y descodificación de la realidad en función de cantidad de factores. Y mi tercer recuerdo es esta portada de periódico que conservo (un miliciano en el frente del Ebro, colgada en su pared): es lo último que puede pasarle a un país, y en España persiste la misma división atávica que provocó aquella guerra civil.
-Lo peor de estos 75 años de Historia de España que ha vivido es pues esa portada. Pero ¿y el momento más dulce, el que debiera repetirse?, ¿esa foto con Suárez, que simboliza la transición?
La apertura del país al exterior, la conexión con el mundo. Pero las reformas de la transición fueron aplazadas por motivos tácticos del momento y están por hacer: 1) seguimos sin poder elegir a los ciudadanos que nos representan, los partidos deciden quiénes son los diputados; y 2) la separación de poderes, permitiendo que el Ejecutivo nombre literalmente los órganos rectores del poder Judicial. A mis amigos del 15-M siempre les digo: centraos en esas dos reformas.
-Al político: si la culpa no existe, luego no es de Zapatero, y si esto no es cuestión de izquierdas o derechas, ¿a quién demonios votamos hoy?
Veamos, aquí ha habido un Gobierno que es responsable de este endeudamiento del 6%, que hasta entonces era del 1,5%. Tendemos, por deformación de la dictadura, a sobreestimar el papel de la política en la solución de los problemas socioeconómicos, porque entonces todo dependía de un cambio de Gobierno, y seguimos creyéndolo, pero es mentira. Dicho esto, hemos tenido un Gobierno que desatendió las llamadas del exterior a la contención.
-Al agitador social: ¿qué era aquello del Foro que usted presidió?, ¿algo que ver con el 15-M?, ¿está usted con los indignados 100%?, ¿votaría a los Piratas?
Un foro que llegó a constituirse en partido para presentarse a las elecciones, que no estaba ni a la izquierda ni a la derecha sino delante de las masas, y que exigía las reformas que he mencionado. Y claro que coincido con los indignados. El futuro de este país pasa por estas reformas que los políticos han olvidado, es bueno entonces que desde fuera se lo recuerden. Pero hay una tercera cuestión igual de importante sobre la que algunos sectores del 15-M ni han reflexionado: no se puede olvidar la foto del miliciano, para no volver nunca al atavismo que nos llevó a la guerra. La ciencia nos ha regalado ya una media de 20 años más de vida, cada 10 años aumenta unos 2 años y medio, y para hacer frente a ello en términos sociales hay países que ensayan retrasar la edad de jubilación y reducir la jornada laboral en los años más duros de trabajo, que coinciden con la procreación del individuo. Y esto, ¿es de derechas o de izquierdas? La distinción es irrelevante y caduca, es un análisis que no responde a la realidad.
-Al ministro que fue, partícipe de la constitución del Estado de las Autonomías: ¿no es este pastel lo que ha llevado a la Administración a la ruina?
Desafortunadamente, igual de mal que las autonomías lo habría hecho un estado único y central.
-Ya, pero el gasto y el mal se multiplica por 17+1…
Se han producido multiplicaciones de gasto funcionarial, ha aumentado el gasto público, sí. Pero ante la falta de unidad fiscal europea, el estado único se hubiera comportado del mismo modo insensato que lo han hecho las autonomías. La lección es: no se puede gastar más de lo que se tiene y más allá de un plazo.


-Al catalán, diputado que fue independiente pero por CiU: le entregaron la Creu de Sant Jordi y dijo: “cuando un pueblo se encierra en su identidad se va asfixiando, pierde neuronas y acaba muriendo”. ¿No es éste acaso el plan del nuevo Govern, que el mundo se integre en Catalunya y Catalunya en su mismidad?
Sí… (Punset hace una pausa prolongada antes de cada una de sus respuestas, como si la buscara, eso, en su recóndito inconsciente; es la suya una conversación lenta y plagada de blancos, cadenciosa). Estamos montados en un planeta que va lanzado en el espacio a 250 kilómetros por segundo. De manera que nadie tiene un domicilio fijo, y esto es lo que les digo a mis amigos nacionalistas. Aferrarse a la identidad tiene un valor positivo en materia de gestión emocional, pero encierra el peligro de convertirse en algo muy negativo: no creo que sea una constante de gobierno para el futuro. Los homínidos han superado pasados tremendos gracias a dos factores: 1) la capacidad de empatizar con el sufrimiento ajeno, donde las naciones han sido vehículo de esa empatía, y 2) si hemos superado el hecho de que cualquier pasado fue peor, ha sido gracias a un optimismo subyacente que nos hace creer que seremos los últimos en perder el trabajo y que nuestros hijos sí obtendrán plaza en el colegio. A mí la crisis económica europea me produce risa comparada con el pasado reciente de Europa.
-Al militante comunista en el exilio, luego diputado del CDS de Suárez: ¿el cambio denota inteligencia y la estabilidad, por el contrario, es sinónimo de mediocridad?
El mayor escollo de los humanos para evolucionar es la negativa de su cerebro a cambiar de opinión, no digamos de partido. Y en torno a esto se generó una cultura en la que el propósito de no cambiar nunca de opinión era bienvenido y al que cambiaba se le consideraba un traidor o un ligero de pensamiento. El estudio de la inteligencia ha demostrado absolutamente lo contrario. La capacidad de representación mental o de predecir, es lo que permite al cerebro cambiar de opinión.
-Le pregunto a usted: ¿cómo se migra de la política económica a la divulgación científica?
Me dieron una cátedra en el Instituto de Empresa, patrocinada por una multinacional muy preocupada por el impacto de las nuevas tecnologías en el progreso de la economía. Durante cinco años estudié a fondo, acudí a muchos congresos, escuché a muchos ingenieros, informáticos, etc., y descubrí que prefería dedicarme a este mundo nuevo de la Ciencia irrumpiendo en la cultura popular, y que otros se dedicaran a subir y bajar tipos de interés.
-Al profesor: sostiene que la enseñanza de calidad no está en el conocimiento académico (que además hoy suplanta Internet), sino en la gestión de las emociones de infancia y de la diversidad a la que nos enfrentamos. ¿A cada habilidad una oportunidad de desarrollo?
Sí. Hemos tenido una enseñanza exageradamente centrada en los contenidos académicos y que no estimulaba la creatividad. La tolerancia del dolor, pongo como ejemplo, es fundamental para los deportistas o los bailarines, pues esto hay que saber gestionarlo desde niños. Por ahí ha de ir la reforma educativa: más gestión emocional, que ha estado tan vilipendiada: ¡es que no se permitía mostrar emociones, había que controlarlas! Bien, pues los experimentos demuestran que la gestión emocional aumenta la absorción de los contenidos académicos en un 14%, y en ello estamos. Y no sólo en las escuelas, sino en las corporaciones: a un empresario con cara amargada le auguro la quiebra de su empresa.
-Alienta a los jóvenes a gestionar las emociones de la infancia y elegir y centrarse en un dominio o vocación, ¿cuál fue la suya?
Muy simple y equivocada: transformar el mundo.
-¿Qué hay de las emociones de infancia, aquel aciago 20-N de 1936, cómo fueron?
Tuve la suerte de que antes de tener contacto con los homínidos lo hice con las lechuzas, perdices y hasta gorriones que domesticaba, pastoreaba cabras, me di cuenta de que los peces sienten el dolor como nosotros… O sea, llegué al colegio con 10 años sabiendo que en materia emocional éramos como el resto de animales, con muy pocas diferencias, como por ejemplo que un perro no es capaz de mezclar sentimientos y odiar y amar a la vez.
-Eduard Punset, ¿le queda algo por ser en la vida?
Sí, me queda seguir aprendiendo de la revolución científica: mi profesión y curiosidad infinita me llevan a emplear varias vidas en ello. Descubrir, por ejemplo, que hay vida antes de la muerte, vida redundante como la que yo estoy viviendo.
-Al ensayista: sostiene que la felicidad está en la ausencia de miedo, ¿a nada teme usted?
La felicidad está en la sala de espera, es decir en imaginar que vas a ser feliz, lo que aprendí de los saltos de los perros cuando les preparaba el pienso: nosotros también somos más felices preparando la fiesta que en la fiesta. Y no, no tengo miedo a nada.
-¿Ni tan siquiera teme la muerte?
No (se ríe sonoramente y su semblante rejuvenece de pronto al escuchar la palabra); porque está tan asumida… Si los átomos son prácticamente eternos y mis células germinales, también: ¿qué se muere cuando uno se muere? Lo que se muere es una quimera, un pensamiento, una manera determinada de escenificar la realidad: not much.
-A Punset, redivivo: ¿qué aprendió de la enfermedad que recientemente ha padecido?
Aprendí la capacidad infinita de los demás para compartir el dolor. Constaté algo que los psicópatas no tienen: la empatía del testigo con el paciente: esto es lo maravilloso del género humano. Los testigos son los auténticos protagonistas del dolor, son los que sufren, y si el enfermo sufre, en todo caso, es por los demás. Eso es exactamente lo que yo sentí y me maravillaba: la empatía de mis hijas, mi mujer, los amigos.
-¿Definitivamente recuperado?
I don´t know (se ríe), supongo, no lo sigo muy de cerca.
-La edad, dice su yo filósofo, aumenta la capacidad de amar y ser feliz. Le pregunto a usted: de 1 a 10, ¿cómo es de feliz?
Muy cerca del 9. Es muy difícil ser infeliz, pero la mayoría tiene una capacidad infinita para hacerse infeliz. Y tiene que ver con esta dicotomía heredada y establecida entre trabajo y diversión o entretenimiento: este no es el mundo que viene, sino el de disfrutar profundizando en el conocimiento. Yo lo he visto en los surfistas que se divierten como locos en la cima de la ola, profundizando en el control de su elemento, con muchas horas de trabajo.


One Comment


  1.  

    Me acabo de hacer amiga de Eduard Punset en Facebook, lo hace muy bien. https://www.facebook.com/eduardpunset Interesantísimo sus comentarios en Facebook.





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