El afgano de Forsyth

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Posted April 16, 2012 by Miss K. in Entrevistas
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Frederick Forsyth, El afgano

Frederick Forsyth forma parte de la selección de Miss K. de los mejores escritores de novela negra

Su thriller, El afgano (Exitos De Plaza & Janes), se sumerge en las redes del terrorismo islámico para abortar el próximo ataque masivo. Forsyth pone cara al enemigo invisible, advierte que Occidente está perdiendo la batalla y asegura que el mundo islámico vive una guerra civil.

Así suenan las predicciones del bestseller británico.

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Llevo toda la vida pensando que alguien intenta matarme, sintiéndome perseguido como ciudadano de mi país”

Hablando con Miss Kindle

“Llevo toda la vida pensando que alguien intenta matarme, sintiéndome perseguido como ciudadano de mi país”

Frederick Forsyth es un escritor original: escribe libros para alimentar corderos. Tal cual. No le gustar escribir, no tiene una necesidad compulsiva de hacerlo y, mucho menos aún, un mensaje trascendente que enviar a la humanidad. Nada de nada. Él escribe para ganar dinero y mantener su granja (100 ovejas, cabras, algún caballo y varias alpacas) que, esto sí, parece hacerle mucha gracia. Tres veces ha anunciado que lo dejaba, y tres veces ha vuelto con sus trepidantes thrillers: “es algo que sólo podemos permitirnos los toreros, los cantantes de ópera y los escritores”.
-¿Qué le resulta más adictivo, mister Forsyth, la política internacional o el dinero?
-Ah, ja, ja; bueno, el dinero, sí.
Ha llegado esta mañana conduciendo su coche desde la campiña de Hertfordshire: “venir en coche me sale más barato”, explica; más barato que en tren: estamos a cinco minutos de la estación de Paddington. Ha citado a la prensa donde suele hacerlo desde hace unos cuantos años, novelas y promociones, en el hotel Montcalm, porque, esto también lo dice, “la gente aquí es muy amable, me gusta”. Sin embargo, no viste para la ocasión la sempiterna camisa rosa de macho irredento: es probable que se haya hartado de tantos comentarios escritos al respecto. De modo que hoy viene más casual, traje chaqueta de pana en fino canutillo color beige, zapatos de ante como guatas y camisa de hilo blanco. Lleva un aire algo cabrero pero, eso sí, muy muy aseado: le brilla el cutis bajo el cabello de impecables reflejos plata. Va entrado en carnes (cordero de garantía) pero de buen ver aún, 70 años casi (Ashford, condado de Kent, 1938).
“Mira, cada vez que termino un libro pienso, bueno, tengo tantos años y no quiero terminar mis días escribiendo, entonces por qué sigo haciéndolo. Y la respuesta es que sí, en parte lo hago por el dinero, pero también es porque en el mundo suceden cosas que me interesan y me intrigan. Después de los atentados del 7J en Londres llegué a la conclusión de que estamos ante un problema que va a afectarnos durante muchos años, y me pregunté: vale, y qué estamos haciendo los occidentales frente a ello, qué está pasando realmente. Porque claro, conocemos la punta del iceberg, pero qué hay debajo. Me propuse seguir una pista y adivinar cuál sería la próxima detonación de Al-quaeda, y me dije, y por qué no un barco en lugar de un avión. Imaginé una historia, la tenía y…

Pregunta.-Y decidió escribirla (El afgano, Plaza&Janés). Y ¿cuál cree, al margen de la novela, que podría ser esa próxima actuación, el nuevo atentado masivo?
R.-Bueno, es muy difícil predecirlo, porque lo que parece estar sucediendo es que Al-quaeda ha traspasado el control central a grupos nacionales, de modo que actualmente existe un grupo en Indonesia, otro aquí, otro en Filipinas, y todos con nombres diferentes del tipo hijos de alá, hermanos de la revolución, etcétera, que son los encargados de operar, con permiso de la autoridad central. Y curiosamente, el único país que no tiene un numeroso grupo operativo es Estados Unidos. Aquí en cambio tenemos a los más fanáticos, que son los paquistaníes, una herencia del Imperio.
P.-Imagino que esta guerra americana contra el terrorismo debe ser especialmente atractiva para un escritor de su estilo. ¿Cómo puede combatirse un enemigo invisible que está deseando morir?
R.-Claro, éste es el problema capital. El 11-S significó el comienzo de la segunda guerra fría, entendiendo por fría no declarada. Pero es más que eso, porque en la primera guerra fría los oponentes eran Estados con ejército, gobiernos, servicios de inteligencia, etcétera; es decir, había interlocutores. Pero aquí, no; encima, son suicidas. ¿Qué se puede hacer? Occidente ha abierto una guerra en cinco frentes: la diplomacia política, la investigación financiera, las fuerzas de intervención, los servicios de inteligencia y la propaganda. Y en este último frente estamos perdiendo la guerra y, para remontarla, los servicios secretos están intensificando su actuación: cada conversación, cada llamada, cada mail, cada fax, cada vez que encargas plátanos en la tienda estás siendo escuchado por los servicios de inteligencia americanos.
P.-Su novela da razones de peso a los afganos y árabes en general para odiar y combatir a los americanos. El protagonista, por ejemplo, ¿no es inocente de su odio?
R.-Traté de construir un personaje humano, que padece una conversión ideológica natural, comprensible, cuando los americanos aniquilan a su familia; con un misil borran todas sus raíces de la faz de la Tierra.
P.-Entonces se convierte en algo así como el hombre sin miedo, perfecto prototipo de terrorista suicida. ¿Imagina que así eran los que volaron el World Trade Center, o el metro de Londres?
R.-No, Izmat Jan no es un terrorista suicida, es un jefe guerrillero de los talibanes. Quien sí es un suicida es Yusef Ibrahim, que está basado en Al-zarqaui, un loco psicópata que incluía la muerte de mujeres y niños en sus objetivos terroristas, atentando en mercados y lugares por el estilo.
P.-Según sus conclusiones, estamos utilizando mal el término fundamentalismo, porque el fundamento coránico no permite a sus fieles matar, causar daño y ni siquiera suicidarse. ¿Por qué entonces las autoridades religiosas apoyan y aplauden el terrorismo?
R.-Bueno, esto fue lo que aprendí de los estudiosos del Corán, un texto que cuenta con 100.000 comentarios; según los estudiosos de las escuelas coránicas que entrevisté, los extremistas islámicos que se llaman así mismos fundamentalistas no están siguiendo las sagradas escrituras. Algunas autoridades les apoyan, pero otras no, en modo alguno. Mira, el islamismo vive actualmente una guerra civil, un caos absoluto. La interpretación del Corán es complicada, porque no sólo los comentarios sino incluso los pasajes se contradicen entre sí, como también sucede con la Biblia cristiana, especialmente en el Viejo Testamento
P.-Mister Forsyth, sabemos que los servicios de inteligencia han abortado al menos un gran atentado, que iba a cometerse en Heathrow; pero a su juicio ¿cuántos deben sumar a fecha de hoy?
R.-Bueno, el MI5 reconoce que al menos 12, en mi país, y que están investigando a 1.200 jóvenes islamistas. Esta cifra supera con mucho el número de sospechosos que en su día generó el IRA. Entre todos ellos, habrá algunos que quieran ser mártires, pero el resto configura la red de soporte. Cuando se desmanteló el atentado de Heathrow, se detuvo a unos 22 jóvenes, todos chicos menos una chica, que estaban dispuestos a volar en los aviones con el explosivo y morir.
P.-¿Usted se siente seguro aquí?
R.-Bueno, vosotros habéis tenido 30 años de ETA y nosotros, otros tantos de IRA. La guerra contra el IRA fue constante, estaba permanentemente presente, y la gente olvida que los terroristas irlandeses pusieron más de 100 bombas en Inglaterra, y tal vez un millar en el Ulster. ¿Me preguntas si se puede vivir así?; sí, por supuesto, llegas a acostumbrarte.
P.-¿Más o menos seguro que en 1999?
R.-Eeeeeh, 1999… ni más ni menos, no aprecio una gran diferencia. Unos meses después de que por fin se logró persuadir al IRA para que dejara de matar, comenzó la guerra islámica. Nunca se ha dado una tregua: yo llevo toda la vida pensando que alguien intenta matarme. Cuando nací era Adolf Hitler, luego fue la URSS, después vino el IRA y ahora tenemos a los islamistas. Por tanto, llevo 68 años perseguido, no personalmente, sino como ciudadano de mi país.
P.-Tal vez de esa sensación surjan sus tramas, sus novelas.
R.-Pudiera ser. Forzosamente, los asuntos hoy de un thriller político son el crimen organizado, el tráfico de drogas y el terrorismo. Yo me he pasado la vida de una guerra a otra, nunca he parado: de Corea a Malasia, de Malasia a Vietnam, de allí a las Faklands, primera Guerra del Golfo, Afganistán… sin parar.
P.-¿Ha estado en Afganistán y en los países árabes para preparar la novela?, ¿cómo se ha documentado?
R.-He estado en la mayoría de los lugares que aparecen en la trama. Tuve largas entrevistas con un par de ex guerreros talibanes en Afganistán, pastunes, a través de los que tracé la historia del protagonista. Y también mantuve contactos en Paquistán, que me introdujeron a ese tipo de yihadista, el takfir: estos que mantienen una apariencia occidental, educados en nuestras universidades para ser hombres de negocios, y que son los que se camuflan para operar. Y después, claro, mantengo mis contactos con los servicios de inteligencia, que me informan. Mira, los islamistas más valiosos para la acción son los blancos convertidos, y los bosnios, que no parecen musulmanes, y se infiltran y…
P.-Bueno, déjelo ya, no sé cómo voy a ser capaz de montarme ahora en un tren a Heathrow. Cuénteme: cuando perdió su último trabajo como periodista, a raíz de sus informaciones sobre Biafra, se empeñó en escribir un libro para salir de la ruina (Chacal, escrito en 35 días y que vendió varios de los más de 50 millones de ejemplares que suman las ventas del autor). ¿Quería ser Hemingway?
R.-No, no, para nada. En lo único que me parezco a Hemingway es en que practico la pesca deportiva de altura, porque me encanta; a los dos nos gusta pescar el marlin: no tenemos nada más en común. Volví de la guerra absolutamente arruinado y se me ocurrió lo del libro.
P.-Una idea genial, ¿creía que iba a ganar dinero con un libro, inmediatamente, de golpe un montón de dinero?
R.-Sí, estaba completamente equivocado, ahora lo sé, claro. Porque con un libro, y con muchísima suerte, tal vez puedas ganar dinero, pero tres años después como mucho. Pero yo no tenía ni idea, de lo contrario nunca hubiera escrito una novela. Tuve mucha suerte: lo vendí a la tercera, un año después de escribirlo, y me dieron 500 libras, eso fue todo; claro que yo necesitaba algo más. Bueno, luego hice muchísimo dinero (unos 200 millones de las antiguas pesetas por cada título, 15 títulos en total), pero lentamente.
P.-Dice que con sus novelas no pretende nada más que entretener al público, lo cual suena un poco simple. ¿No será precisamente por eso que le aburre tanto escribir?
R.-Es simple, pero es así. Las únicas razones reales para escribir son: 1)la fama y la gloria, que yo personalmente detesto; 2)ay, no puedo dejar de escribir, que es algo que a mí no me ocurre, en absoluto: me resulta facilísimo no escribir; 3)tengo este maravilloso mensaje para transmitir a la especie humana, que tampoco es mi caso, y, por tanto, 4)dinero, que sí, éste es el motivo que me mueve a escribir.
P.-Pero ¿no se da cuenta de que si sólo pretende entretener nunca va a emocionarse con lo que hace?
R.-Mira, ¿sabes qué?, la mayoría de los escritores no pretenden más que entretener. No, no son muchos los escritores de éxito que se sienten en posesión de un mensaje trascendente para la humanidad. Mm (sonido gutural con boca apretada), esos suelen escribir sermones más que novelas.
P.-La impresión es que su escritura tiene potencial para ahondar más, transmitir más sentimientos, pero que a usted no le interesa, porque escribir implica desnudarse. ¿Usted estaría dispuesto a desnudarse ante su público lector?
R.-No, no lo creo; a quién iba a interesarle verme desnudo, si no tiene interés alguno: qué demonios podría ver en mi desnudo (se ríe). Mira, por ejemplo, John le Carré ha cambiado su temática porque quiere transmitir un mensaje contra la industria farmacéutica; bien, es algo que ocurre, cuando te sientes ultrajado por algo. Pero es que a mí no me sucede nada similar: yo no estoy intentando animar al mundo occidental para que se levante contra los musulmanes; no, yo simplemente he escrito una historia.
P.-¿Y escribe exclusivamente para los hombres, pensando en los hombres?
R.-No suelo pensarlo, pero escribo sobre un mundo mayoritariamente poblado por hombres. Bueno, aunque nuestro MI5 está actualmente dirigido por una mujer, pero lo normal es que en las fuerzas especiales, servicios secretos, etcétera, prime lo masculino. Por tanto, supongo que la mayoría de mis lectores son hombres, tal vez un 80% frente a un 20% de mujeres.
P.-Bien, y ¿por qué?, ¿desprecia usted a las mujeres?
R.-Lo que voy a decir sonará muy sexista, pero es que creo que a los hombres les interesa la guerra y a las mujeres, el amor.
P.-Pues entonces podríamos dejar que las mujeres gobernaran el mundo, para terminar con las guerras, ¿no cree?
R.-Sí, claro, ¿no viste lo que Margaret Thatcher hizo en las Faklands?
P.-Sí, bueno, a lo mejor no tenía de mujer más que el bolso, que solía dejárselo al marido.
R.-No, no, de eso nada. Ha habido muchas guerras en la Historia comandadas por mujeres: la mujer puede ser muy guerrera y muy agresiva, y ahora que le dejan se está incorporando a todos los campos de combate.
P.-Dejémoslo. ¿Qué hay de sus corderos?, ¿sigue viviendo en la granja con su segunda mujer y cientos de corderos?
R.-Sí, y con los dos hijos de mi primer matrimonio, que vienen de vez en cuando, aunque viven en Londres. Es una finca estupenda donde criamos ovejas, cabras, caballos y alpacas, un animal procedente de Sudamérica, muy parecido a la llama pero con una lana muy gruesa.
P.-Ah, ¿y hace negocio con la lana?
R.-No, no es rentable, ya no hay granjas en Inglaterra que se dediquen al negocio de la lana, porque nuestro campo está colapsado: nos hemos gastado todos los impuestos en subsidios para las granjas francesas, irlandesas, alemanas… para todas las granjas de Europa. Yo tengo ovejas básicamente para que me corten el césped de la finca, y de paso cada una tiene al año dos corderitos que vendemos en el mercado de carne, eso sí.
P.-¿Y eso le resulta más interesante que la literatura?
R.-Oh, sí, con los libros financio la granja, por eso tengo que escribir (se ríe, con sorna).

Ficcionando la realidad

Hay una línea finísima que separa ficción y realidad, y que es como la cuerda floja de un funambulista. Pasear sobre ella es de hecho la mayor proeza literaria de Frederick Forsyth. Sus novelas y relatos están basados en situaciones y personajes del panorama político internacional no sólo reales sino muy actuales (algunos se le mueren en plena escritura), que es capaz de utilizar para construir argumentos y personajes absolutamente ficticios, sin incurrir en el disparate. Desde que en 1969 escribiera Chacal, en 35 días febriles y seguidos, fantaseando un complot para asesinar al general De Gaulle, sus tramas se han atrevido a hurgar en las vidas y los paisajes de las SS (Odessa), la dictadura de Macías en Guinea Ecuatorial (Los perros de la guerra), el poder nuclear de la URSS (El cuarto protocolo), los tratados de reducción de armas (El negociador), los servicios secretos en la primera guerra del Golfo (El puño de Dios), el nacionalismo ruso (El manifiesto negro), la guerra de los Balcanes (El vengador), el choque de poder de la URSS y sus repúblicas aliadas (La alternativa del diablo) y, por último, el terrorismo islámico en guerra contra Occidente o lo que él denomina la segunda guerra fría (El afgano). Sus libros se venden a razón de muchos miles de ejemplares por país (El afgano, en nuestro país, ha colocado 50.000 copias en un mes); en cifras globales, se estima que sus 15 títulos (añadan a las mencionadas obras varias recopilaciones de relatos y cuentos, y una novela de estilo romántico puro, El fantasma de Manhattan) han vendido cerca de 50 millones de ejemplares en los 36 años que lleva publicando, a razón de unos 200 millones de las antiguas pesetas como ganancia media por cada libro. Cifras nada desdeñables.

Antecedentes de la solidaridad

Las raíces literarias de este escritor británico, si las hubiera (él niega pertenecer a la estirpe de literatos puros o letraheridos), hay que buscarlas en el África profunda: Biafra, julio de 1967. Frederick Forsyth, consumado piloto de motos y aviones y aspirante a torero en Málaga, se había iniciado en el periodismo por la más pura senda de la aventura y la agudeza auditiva o los idiomas que entonces hablaba. Aprendió rápido y rápido acumuló un currículo nada banal: de redactor en provincias para el Daily Press, 10 años más tarde se colocaba como delegado de Reuter en Berlín Este. Aquel verano del 67 trabajaba para la BBC, que lo envía a cubrir la guerra de fronteras entre Biafra y Nigeria. Forsyth no fue imparcial y apostó por Biafra, o por la injusticia de la hambruna que el país padecía. Sus relatos sobre la miseria y la enfermedad de los niños biafreños no enternecieron la posición de la cadena estatal, que había de defender los intereses de Nigeria en el conflicto. Lo pusieron de patitas en la calle, en la calle africana, donde el reportero organizó un equipo de periodismo independiente con el que durante dos años bombardeó los medios de comunicación y las conciencias del mundo: eran los principios no sólo de su literatura (a su vuelta, afortunadamente arruinado, decidió hacerse escritor de libros) sino de la solidaridad occidental con los desastres provocados en el Tercer Mundo. ¿Lo recuerdan, recuerdan Biafra?


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