“Hay quien lee para olvidarse de la vida y quien lee para encontrarla”

2
Posted August 21, 2012 by Miss K. in Entrevistas
cold-skin

Entrevista a Albert Sanchez Piñol

“En la barra de un bar te dirán que el sexo y el dinero son el motor del mundo, porque hace que la gente actúe, pero el miedo es lo que hace que pensemos y creamos en lo que hacemos”

Estudió Derecho y vendió seguros, hasta que un sueño le metió en la Antropología. Observando a los pigmeos del Congo se perdió en la Literatura pura: su primera novela, La piel fría, se ha convertido en un best-seller mundial. A finales de mes publica Pandora en el Congo, una segunda entrega de monstruos.

Albert Sánchez (así se autodenomina) se ríe mucho de sí mismo.
P-¿De qué se ríe tanto?
R-¿Cómo me lo voy a tomar en serio?
P-Pero ¿qué le hace tanta gracia?
R-A ver, soy un tipo que se va al Congo a hacer una tesis doctoral sobre pigmeos Mbuti, no puede acabar la tesis porque le pilla la guerra civil, vuelve y, en vez de la tesis, escribe una novela (nada que ver con los pigmeos, o sí), y la novela se convierte en un best-seller mundial. ¿Esto no te hace gracia? Mi vida parece un chiste.
Albert Sánchez Piñol es así (Barcelona, 1965, de las calles del Guinardó); si no riese, viviría en las tinieblas. Tenía 25 años, una carrera de Derecho terminada y un puesto de trabajo vendiendo seguros. Una noche soñó que un ventilador soplaba dentro de un desván levantando con su aire todo lo que encontraba. Tuvo miedo: la casa era su cuerpo y el desván, su cabeza. Tuvo miedo hasta que lo entendió.
P-¿Qué entendió?
Q-Que tenía que renovar el aire dentro de mi cabeza, el oxígeno, mi visión del mundo. Empecé a estudiar y a apasionarme por la Antropología. Pasé del Derecho, la muerte, lo fósil, el código, a la complejidad de la vida, que desborda cualquier marco legal que le quieras poner, y esto no desdeña el orden.
Desde aquel sueño y hasta que sucedió lo del best-seller (2003-05, 150.000 ejemplares vendidos en España de boca a oreja, 27 traducciones, primeros puestos de venta y mejores editoriales en Alemania, Francia, Italia, etcétera), hasta entonces malvivió a base de escribir al peso enciclopedias, folletos, lo que fuera: de oficio, escribiente. Intentando prever lo menos posible, convencido de que el futuro es sobre todo una ilusión. Ahora está a punto de publicarse la traducción al castellano (del catalán) de la siguiente novela, segunda de una trilogía monstrenca. Tiene la tercera pergeñada, otra ficción empezada y, a medias, un ensayo en el que se ha metido para curarse el desván de tanta literatura.
P-¿Cuánto le debe al azar, cuánto a la antropología y cuánto a sus sueños terroríficos?
R-Yo diría que un 40, 40, 10. Por no dejarte sin respuesta.
P-Está convencido de que el miedo es el motor del mundo, ¿esto explicaría el éxito arrollador de su primera novela?
R-Hombre, espero que no se lea por miedo.
P-Vaya, al contrario, para sentir miedo: el miedo es un sentimiento morboso que a todos nos atrae.
R-Sí, es muy curioso: es increíble que estemos dispuestos a pagar por sentir o leer algo que analizamos como negativo y hasta repulsivo. Y eso hace que crearlo sea todavía más difícil.
P-¿Se lee como catarsis, para perder los miedos?
R-Hay quien lee para olvidarse de la vida y quien lee para encontrarla. El miedo que sentimos en la primera parte de La piel fría, luego se reconvierte en curiosidad, y esa transición a mí me interesaba muchísimo. En la barra de un bar te dirán que el sexo y el dinero son el motor del mundo, porque hace que la gente actúe, pero el miedo es lo que hace que pensemos y creamos en lo que hacemos.
P-¿Cuál le parece el peor y más común de los terrores actuales?
R-Una perpetuación del miedo del siglo XX reconvertido: el miedo al otro, sobre imágenes y hechos concretos.
P-Albert, ¿sus propios sueños le inspiran estos monstruos o de dónde le viene esta pasión tan monstrenca?
R-El sueño real, no metafórico, es una materia literaria increíble. Por muy materialistas que nos pongamos, lo que hace humano al hombre es su cerebro, y lo primero que hace su cerebro es contarle historias a sí mismo a través del sueño. El ser humano tiene una necesidad compulsiva de escuchar historias, al punto de que se las cuenta a sí mismo todas las noches, aunque a veces no las recuerde; y si deja de hacerlo, se muere: la falta de sueño mata antes que el hambre. Si lo analizas como narrador, te darás cuenta de que el sueño es el cuento breve perfecto: todo lo que aparece son significantes.
P-¿Qué herramientas utiliza para analizarlos y retenerlos?
R-Es una cuestión de práctica. Si sale algo en un sueño es que tiene un significado, y puedes llegar a saber qué es porque tú mismo lo has cifrado: matemáticas intelectuales. Yo sé perfectamente qué significa todo lo que sueño.
P-¿Se ha ayudado del psicoanálisis?
R-Quizá más de la antropología. La psicología nos cuenta qué funciones tiene el inconsciente, pero no dice qué es. La antropología al menos nos dice que es un lenguaje, y un lenguaje es un instrumento para el entendimiento. El gran error de la literatura ha sido transcribir los propios sueños, que no significan nada para el otro, sólo importan los significantes, que son el 5/10 por ciento del lenguaje. Los sueños te permiten suplantar la literatura de la experiencia: yo nunca he estado en una isla desierta rodeado de monstruos, pero puedo reflejarlo, porque he tenido sueños.
P-Hay en su novela una clave importante que explicaría la política internacional de hoy: “necesitamos enajenar al enemigo de todo lo que le hace humano; necesitamos crear monstruos”. ¿Cree que Bin Laden existe?
R-Eso es como preguntar si existe Fu Man Chu. Bin Laden es aún más perfecto como personaje: es más definido, acotado, tiene fronteras más precisas, y encima es guapo y elegante. La pregunta pierde relevancia porque da igual que exista: es sólo necesario que exista.
P-¿Para qué son útiles, de qué nos sirven los monstruos?
R-¿Recuerdas las exposiciones de frikies (monstruos) del siglo XIX?; ¿por qué llevar gente rara por los pueblos? Porque el monstruo es un espejo que nos dice lo que no somos. Nunca podremos eliminar al monstruo de nuestra vida, necesitamos espejos de lo bueno y de lo malo, para poder elegir. Necesitamos saber que no somos Bin Laden para creernos los buenos de la película.
P-El pacifista le parece un iluso, y sin embargo, ¿no es cierto que su personaje es incapaz de matar al otro?
R-Sí, pero son características instrumentales para que el lector sienta empatía por él. No, no es un pacifista: él se alista en el Ejército Irlandés.
P-Sí, para a continuación huir de la violencia y de los hombres y autoexiliarse en una isla.
R-No huye de la violencia, sino del desengaño de una causa. Y en la isla encuentra otra historia por la que luchar, la…
P-No descubra usted su novela, hombre. Hay un pasaje en La piel fría donde el protagonista reflexiona: “¿cuántos golpes habrá recibido de las mismas manos que tenían la misión suprema de amarlo?” ¿Tiene memoria de niño maltratado o similar?
R-¿Yo?, qué va. Yo en mis novelas pinto muy poco (se ríe mucho). Es inevitable que el yo se proyecte en las novelas, pero yo lo matizo mucho, porque vengo de la antropología: necesito que el otro exista, conocerlo, ponerme en su lugar y dejarle hablar.
P-Cuenta que era un niño muy miedoso, víctima de su imaginación y sus terrores nocturnos, ¿necesarios para escribir este tipo de literatura?
R-No estoy seguro. ¿Qué niño no ha sentido miedo en el estado normal de la infancia?
P-Unos más que otros.
R-Los niños son extremos. Yo no creo que en mi vida haya pasado miedo real, sólo malos ratos. Si sólo puedes hablar de la tortura si te han torturado, vamos mal.
P-Bien, además te lo pueden haber contado.
R-Sí, pero el elemento fantástico parte de cero.
P-Dice que de niño sólo leyó tebeos y de adolescente, cómics y revistas porno, ¿de dónde ha bebido entonces la literatura necesaria para escribir?
R-Eso lo digo sobre todo porque me hacen gracia todos esos autores que a los 10 años se habían leído a Dostoievski. La literatura a mí me vino después, en la adolescencia, simultaneándola con el play-boy. El primer literato que me impresionó fue Kafka: su desorientación básica encaja mucho con la adolescencia. Pero es que tampoco desprecio según que lecturas no literarias, como los cómics.
P-¿De verdad no se ha inspirado en Lovecraft, Conrad, Poe, Stevenson… los maestros del terror y la aventura?
R-Hombre sí, los he leído. Sobre todo me ha inspirado Conrad: El corazón de las tinieblas, el viaje al infierno, es un tema muy recurrente en todo lo que escribo.
P-Acaba de publicar en catalán su segunda novela, Pandora en el Congo, segunda vez que escribe sobre África (Payasos y monstruos), ¿qué pretende encontrar, qué busca en África?
R-Bueno yo he viajado mucho a Mozambique, enviado por ONGs, Uganda y Congo. Lo que me interesa de África no puede resumirse en un libro, pero el simple hecho de constatar que existen otras formas de vida, una humanidad con proyectos vitales absolutamente distantes al nuestro, me parece apasionante. En realidad Pandora en el Congo no es un libro sobre África, sino sobre nuestros imaginarios. No tiene nada que ver con mis experiencias allí: transcurre a principios de siglo y los protagonistas son los ingleses.
P-Antes ya de que el éxito le llegara de esta forma tan abrupta, había dejado la antropología para dedicarse a escribir, ¿por qué lo tenía tan claro?
R-No, yo no había abandonado la antropología, qué va. Vivía a salto de mata, sí, escribiendo enciclopedias y lo que hiciera falta cuando necesitaba dinero, pero así ganaba tiempo para observar, estudiar y escribir. Escribí La piel fría porque no pude hacer la tesis: la guerra civil en Congo me había interrumpido el trabajo a medias y no tenía suficientes datos de campo. Las novelas tienen la ventaja de que con la imaginación basta. Esta novela es la máxima expresión de un fracaso: el éxito hubiera sido escribir la tesis doctoral, pero como no podía quedarme sin escribir… (ríe).
P-Dice que las pesadillas ya no perturban su sueño, ¿qué le hace dormir tan tranquilo?
R-Bueno, en el fondo soy muy simplón. Y además, si analizas las pesadillas pierdes el miedo. Ahora tengo sobre todo sueños interesantes. Y más que miedo, tengo preocupaciones, aunque no me agobio fácilmente: muchos problemas son sólo artificios. Yo tengo amigos que van al psicólogo porque se están quedando calvos; bien, el psicólogo sólo te va a decir que sí, que te vas a quedar calvo y que te hagas a la idea. El sentido del humor ayuda mucho (ríe, ríe y ríe; casi todo el tiempo).
P-Albert, hay un momento de la novela en que su protagonista le reprocha al otro que hable sin añadir reflexiones, ¿no recuerda esto a su frialdad, la suya?, ¿es real, es usted así, o así se defiende?
R-Vaya, hombre. Sí, más veces me han preguntado si es una pose, pero ¿de qué iba a defenderme? Cualquier creador tiene este hábito de analizar la estructura interna de lo que ve, es un placer, aunque desde fuera parezca frío. Yo soy una persona muy normal, quiero ser pequeño burgués y tener mi casa de propiedad para ponerle vidrios dobles. Pero bueno, es más una ilusión que un proyecto.
P-¿Y es tan sátiro como se pinta?
R-El humor es muy higiénico: cuando uno se ha reído de sí mismo difícilmente se podrán reír de uno. Mi vida parece un chiste.
P-Última: ¿quiénes son más temibles: los monstruos del océano, los que surgen del interior de la tierra o los que nos caerán del cielo, en la tercera entrega?
R-Yo diría que los tecton, que surgen de las entrañas de la Tierra. Los colonizadores excavan una mina y empiezan a oír ruidos: es gente de una civilización peligrosísima, que sale de dentro. Son el espejo de todo lo más perverso que tenemos nosotros mismos como colectivo. Luego vendrán los ángeles (aún por llegar, aparcada la trilogía).

Una de Pigmeos, Albert Sanchez Piñol

Todos los monstruos de Sánchez Piñol


2 Comments



Leave a Response

(required)


','

'); } ?>