Eva Gabrielsson, la viuda de Stieg Larsson

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Posted April 19, 2012 by Miss K. in Entrevistas
Eva Gabrielsson

El mensaje decía:“Unos lectores noruegos están creando una organización para recaudar fondos para mi causa a través de una página web” “

Unos lectores noruegos están creando una organización para recaudar fondos para mi causa a través de una página web”

Lo remitía Eva Gabrielsson, la viuda de Stieg Larsson, el autor sueco de la trilogía Millennium, que desde que se iniciara su publicación hace siete años ha vendido 65 millones de ejemplares en el mundo (recuento de diciembre 2011), traducido del sueco a 40 idiomas; es decir, el mayor fenómeno literario del último siglo. Pero Larsson había fallecido repentinamente (50 años) antes de ver su primera novela publicada, y su mujer, compañera y cómplice desde los 18 años, no vería un mísero céntimo de los aproximados 70 millones de euros que a día de hoy suman ya los derechos de autor. ¿Por qué? Porque la ley sueca no reconoce la herencia a la pareja de hecho a menos que exista un testamento expreso. Larsson y Gabrielsson, Stieg y Eva, no estaban (legalmente) casados ni pensaban en la muerte, sino en un largo proyecto común: al menos 10 entregas de la saga, más los ensayos arquitectónicos que ella preparaba, una cabaña a pie de mar diseñada por ellos mismos y un amor inquebrantable ya.

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No le di demasiado crédito a aquel mensaje de mediados de abril (2010), ¿una ONG pro Eva y sus derechos? Me limité a felicitarle moralmente. A los pocos días llegaba un nuevo correo de Gabrielsson a mi buzón: “La próxima semana recibiré el primer dinero de la organización noruega de la que te hablé, supportEva.com; me servirá para pagar la última factura de mi abogada. Es una gran ayuda”.
“Sí, es una gran ayuda; son apenas algo más de 4.000 euros, pero un dinero importante cuando no tienes con qué pagar tus facturas”, nos cuenta por teléfono Jan Moberg, el precursor de la iniciativa de apoyo a la viuda de Larsson. Son apenas 4.000 euros en un mes, pero podrían multiplicarse en progresión aritmética a la velocidad que las noticias vuelan en la red. Más allá, supone un gran apoyo moral que ya ha dado sus frutos en las negociaciones con los herederos de la obra: un padre con el que el autor no vivió su infancia y un hermano al que conoció con 9 años y a quien sólo vio cuatro veces en los 32 años de convivencia de la pareja.

Trilogía Millenium

El pasado día 2 de abril, Jan Moberg, periodista financiero, profesional mediático, se arrellanó en el sofá de su casa para ver un documental en televisión. Se titulaba “Los millones de Millennium”: Larsson y Gabrielsson, una vida de ilusiones y trabajo compartido, una muerte prematura y repentina, y unos royalties archimillonarios que vuelan a manos de terceros. “¡Tengo que hacer algo por esta mujer! -se dijo a sí mismo Moberg- Esto es una locura: Larsson escribió estos libros en apoyo a las mujeres que sufren abusos y ahora es de su propia mujer de quien abusan. ¡Cómo una locura!: esto parece un complot, al menos un argumento digno de una de sus novelas”. Argumento o paradoja cuando menos. Y raudo, se puso manos a la obra.

Las novelas de Stieg Larsson (Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina) y la que se publica el próximo día 18 (La reina del palacio de las corrientes de aire), tienen un mismo nudo gordiano: el abuso, la violencia y el maltrato a las mujeres, cuya denuncia fue efectivamente el leitmotiv del autor a la hora de plantearse su saga y sus protagonistas. Larsson (Västerbotten, 1954) no fue conocido en vida por la calidad de sus novelas (esperó a la madurez para afrontar la narrativa de largo recorrido), si no por lo combativo de su periodismo de investigación contra la injusticia: racismo y xenofobia fundamentalmente. Es como si su lucha a favor de las mujeres, que era incluso su modo de ser, feminista, la hubiera reservado para el final, como la gran literatura. Su defensa de las mujeres tuvo al parecer como punto de partida un episodio que vivió en su adolescencia, cuando contempló sin poder hacer nada la violación de una joven. Su viuda cuenta que este feminismo de Stieg era algo “instintivo”, ¿basado tal vez en la frustración que aquella experiencia le produjo?
-Sí, yo creo que sí. Tenía 14 años cuando contempló aquella violación, pero sólo me habló de ello una vez, y yo no quiero removerlo: es demasiado complejo como para contarlo.
-Y ¿qué cree que haría Stieg si supiera lo que a usted le está haciendo esta sociedad paternalista que sólo reconoce la herencia “de sangre”?
-Se vengaría. Se violentaría incluso físicamente.
“Steig se crió con su abuelo materno, un activista anti-nazi, un viejo comunista estalinista que había padecido los campos de prisioneros. Esta figura, a quien Stieg llamaba papá, y una niñez dura y pobre en los bosques del Norte de Suecia, configuró su carácter tan inusual. Vivió con estos abuelos maternos hasta los 9 años, porque sus padres eran poco más que adolescentes y no tenían recurso alguno cuando el niño nació. El abuelo lo cuidó hasta que murió, y su rol dominante marcó definitivamente a Stieg, y eso lo reconoció incluso su padre biológico cuando habló en su funeral, en diciembre del 2004”. Muerto el abuelo Severin, Stieg fue a vivir con sus padres, en la localidad de Umeä, entonces un páramo de la industria; la familia había crecido, pero Stieg y Joakim nunca lograron una auténtica complicidad fraternal en los escasos 7 años que convivieron en la casa familiar. Demasiado tarde quizá: Stieg se refugió en la madre, dependienta de boutique, una mujer dispuesta y sensible, heredera del mismo gen. Y con 16 años, inició la carrera de Periodismo y se marchó definitivamente de aquella casa en la que, dicen, se sintió siempre huésped. “Stieg nunca tuvo un contacto próximo con su hermano, nunca fueron a cenar juntos ni a ver una película ni a tomar un café: nada. A mí incluso me preocupaba que nunca se vieran, ni siquiera cuando nosotros viajábamos al norte para pasar unos días en casa de mis hermanos. Cuando se lo mencionabas, decía que no tenía tiempo”, continúa Eva.
“Stieg ya se definía a sí mismo feminista cuando lo conocí en 1972”, durante una protesta contra la guerra de Vietnam: una admiración mutua que nació a primera vista. “Siempre decía que se trabajaba mucho mejor con las mujeres, que tenían la mente más abierta y no se interesaban por asuntos banales como el prestigio. Tabajó mayoritariamente con mujeres y sabía perfectamente de lo que eran capaces. Le afectaba mucho cuando una colega era discriminada: la discriminación y la opresión de las mujeres eran para él una barbaridad incomprensible e inaceptable. Y siempre hizo todo lo que estuvo en su mano para apoyarlas, personal y profesionalmente. Por ejemplo, si se enteraba de que algún hombre en su entorno pisoteaba los derechos de una mujer, cualquier actuación de índole machista, hacía lo imposible por desacreditarle en público. Y eso sucedía con bastante frecuencia, lamentablemente”. Y en casa, en su vida doméstica y privada, ¿compartía responsabilidades? “Al 50%, compartíamos tanto lo que nos gustaba hacer como lo que no nos gustaba”.
Sus personajes y sus tramas no son sino un trasunto de todo esto. Lo que se libra en ellas es la batalla contra el abuso sobre la mujer, los crímenes sexuales, el tráfico o prostitución, etcétera. Quienes lo libran son por un lado machistas sin escrúpulos, asesinos que no aman a las mujeres, y por otro, seres sensibles, mujeres y hombres, igualmente dotados física e intelectualmente. El protagonista, Mikael Blomkvist, no es sino su alter ego: un periodista de investigación al frente de una revista de denuncia (Millennium) que existió en la realidad, existe aún, con otro nombre, fundada por él mismo y un ejército de voluntarios al servicio de la libertad; una libertad vendida hoy a los pingues beneficios de la herencia arrebatada: a saber, los herederos legales de Larsson financian la publicación y la colman de favores a cambio de su silencio y connivencia en torno a este escabroso asunto. La protagonista, que surge en las primeras 100 páginas del primer volumen de un modo subrepticio, secundario pero altamente fascinante, es una hacker, una sociópata con un pasado de desamparo y maltrato brutal a manos de hombres. ¿Pudiera Lisbeth Salander ser también el alter ego de una mujer real? “Salander tiene una fuerza, un coraje personal increíble, comparable al que Stieg tenía y que no creía que fuera su patrimonio exclusivo; es decir, opinaba que cualquiera podía sacar fuerza y coraje de su interior si así se lo proponía: creía en el ser humano. Lisbeth Salander es una mezcla de varias personas, hombres y mujeres, que han sido muy cercanas a nosotros, que colaboraron con nosotros en importantes proyectos, personas siempre creativas y comprometidas”.
Así pues, la iniciativa noruega (supportEva.com) surgió, como su propio autor explica, en contra de la paradoja: son los pequeños hijos que le han nacido a Stieg Larsson. “Además del apoyo financiero, que es el primero que recibo en cuatro años, en los que he tenido que afrontar cuantiosas facturas de abogados a costa de mi salario, supone un gran espaldarazo moral”, continúa Eva Gabrielsson (Löranger, 1954), arquitecta de profesión, empleada de un gabinete estatal para el diálogo entre el urbanismo y la vida, autora del estudio urbanístico sobre Estocolmo que subyace como perfecta cuadrícula en la trilogía Millennium. Apoyo moral que la viuda confía pueda contribuir a modificar la arcaica ley medieval, procedente del derecho germano, que rige la cohabitación en Suecia, donde, de nuevo la paradoja, el 50% de las parejas conviven sin contrato matrimonial de ningún tipo, contrato que sólo se requiere a la hora de heredar en caso de muerte de uno de los cónyuges. Si la pareja no ha tenido descendientes, los bienes del difunto, incluso aquellos gananciales, pasan a manos de la familia “de sangre” y, en caso de no haberla, el Estado se los embolsa: todo menos los muebles, que se dividen a la mitad, de ahí que la ley sea popularmente conocida como “ley de reparto de muebles”. “Pero estamos hablando de una propiedad intelectual del siglo XXI, que no puede ser arrebatada a sus autores y transferida como si fuera una servidumbre de pasto de la edad media”, argumenta la viuda. Razón moral, también, que ya ha dado sus frutos en las negociaciones mercantiles que la abogada de Gabrielsson mantiene con los herederos legales. “Después de conocerse esta iniciativa noruega, los Larsson han hecho una propuesta a mi abogada para que yo asesore al teatro danés que llevará a escena una obra basada en Millennium. Esto no significa que estén dispuestos a cederme ningún derecho sobre la obra de Stieg, simplemente sustituiría el actual acuerdo de negocio entre los Larsson y la editorial sueca, y el teatro danés”. Un paso adelante, el primero.
Paradoja o hipocresía, tratándose de un país aparentemente moderno, que en ocasiones se ha contemplado como paradigma de libertad e igualdad. “No confundamos”, explica Jan Moberg, “Noruega debe su carácter aguerrido a los cinco siglos de ocupación y lucha por su independencia. Nosotros sí somos un país pionero en igualdad de derechos, pero otro asunto es la sociedad sueca”. Ni una sola protesta popular ni un apoyo mediático; ni un solo gesto a favor de la viuda desheredada. Tan sólo el Partido de Izquierda ha dado batalla para una reforma de la Ley de Cohabitación, revisión tres veces rechazada por el pleno del Parlamento, ignorada incluso por algunos parlamentarios individualmente consultados. “Tengo la impresión de que nuestra iniciativa les ha molestado”, continúa Moberg; “ni siquiera la revista fundada por Larsson (que dirigió hasta el mismo día de su muerte, en cuya redacción cayó fulminado por un infarto masivo) ha respondido cuando le hemos pedido su apoyo”. La mayor recaudación se está recibiendo, obviamente, desde Noruega, y la segunda, desde España, “tal vez tenga que ver con vuestro temperamento, no sé; pero después de que la página se diera a conocer en Barcelona a raíz del premio Sant Jordi a Millennium como libros más vendidos, esta ciudad y el resto del país se están volcando en apoyo a Eva”.

La iniciativa habla de una nueva estructura social a través de la red. Sus protagonistas viven en las afueras de Oslo y rondan los 40 años. Anne Nilsen, productora de teatro, le recomienda a Moberg que lea la trilogía y le habla de la viuda desheredada; Moberg sigue sus recomendaciones y la misma noche que pasan el reportaje en televisión la llama alucinado y le pide que colabore con su idea. Ambos recurren a su vez a Gry Finsrud, fundadora de una revista y varias páginas femeninas on line, que inmediatamente se suma a la causa. Entre los tres, en el tiempo record de dos semanas, tenían la web site preparada. A través de un abogado contactan a la abogada de Gabrielsson y, posterior y personalmente, a la viuda, “en primer lugar quisimos demostrar que esto era serio, que no éramos unos locos”. La página, que expone los hechos con rigor, anima al lector a comprar los libros vía net contribuyendo con 2.50 euros a la causa (la mitad de un royalty común) si es que está “molesto”, 5 euros en caso de estar “alterado” y al menos 10 si uno está “realmente furioso” con el asunto. El planteamiento puede parecer cómico (“el humor es imprescindible hasta en la muerte”), pero no por ellos menos serio y comprometido. Incluye la página un libro de visitas (o condolencias) donde cada uno puede escribir su pataleta personal. ¿Se animan a escribir? supportEva.com.


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