José Luis Sampedro, hecatombe y más

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Posted July 16, 2012 by Miss K. in Entrevistas
José Luis Sampedro

José Luis Sampedro se ha comprado una playa. “¿Te gusta?” Sí, pero, ¿cómo que se ha comprado una playa? “Ahí está, puedes pasearla todo lo que quieras, ¿qué más da que sea mía o de todo el mundo?” Él la prefiere de todo el mundo. Cala de Mijas, donde Sampedro y su mujer, Olga Lucas, se han retirado para seguir resistiendo. Una broma, ésta de la playa, que ilustra la lucidez del escritor, catedrático de Estructura Económica, ante la hecatombe del sistema democrático que entregó el poder a la oligarquía financiera.

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 Exactamente la hecatombe de hoy, pero que él y otros cuantos sabios predijeron hace décadas “esto no tiene arreglo, metáfora de la taza….La única reforma posible es quitarle el poder a los bancos y restaurar la democracia”. JLS, Barcelona, 1917, ex subdirector general y asesor del Banco Exterior de España.
Acaba de recibir el Menéndez Pelayo, único premio, al parecer, que su cláusula de conciencia contra el poder aún le permite. Ni un solo premio nacional, ningún reconocimiento de las letras tiene el académico de la Lengua, a sus 93 años, 14 novelas, 9 ensayos. Pero aquí está, de mañana frente al mar, solitario solidario, sintiéndose ya un río dulce y de sosiego a punto de fundirse en el estuario con la sal del océano, porque así contempla el discurrir de la vida. Camina a paso rápido de bastón, desde la casa sobre la arena descalza al restaurante del arroz, al chiringuito del café y helado de menta, y vuelta a la siesta.
Le voy a insistir largo sobre la solución, suplicándole que ahora prediga la salvación del mundo, como quien suplica ciego de fe a un dios cualquiera. “Son de temer y esperar conmociones muy fuertes: revueltas sociales y catástrofes naturales”. Porque, señoras y señores, prepárense: “redistribución de la riqueza”, eso nos espera, “o eso o nada”. “¿Para qué producir más cosas?”, se pregunta. “Las religiones ya no funcionan (…) Lo que hay que producir son conciencias, valores éticos y humanistas”, que permitan a la especie sobrevivir en un nuevo orden de cosas. Pero ¿de dónde ha de venir esa revolución; la exigencia de cambio, de dónde surgirá? “Europa no da para más, tampoco el gran hermano americano: el capitalismo turbo consumista se termina”. Sólo en la conversación cruzada del almuerzo, su puntero de maestro sabio se alza al fin señalando al Lejano Oriente y al sur, África. “El mundo africano no está anestesiado, la inmigración no está aletargada”. Y me canta Sampedro una vieja canción de Leo Ferré sobre los chinos que vendrán /cuando vengan los chinos.
George Orwell (1984) predijo la omnipresencia de Internet en nuestras vidas y, si los financieros no devuelven el poder, Cormac McCarthy (La carretera) habrá predicho el más inmediato futuro: la aniquilación del hombre bajo su propia trampa, necedad o codicia.
-José Luis, ¿puede uno morirse tranquilo pensando en el mundo que le sobrevivirá?
Yo me voy a morir pronto y me muero muy tranquilo. No porque piense que el mundo se va a arreglar para volver a ser el mismo, sino simplemente porque va a continuar, y para ello tiene que sufrir la transformación que atravesamos. Estamos en un momento de verdadera barbarie, que supone la destrucción de los valores fundamentales como justicia, respeto, educación, igualdad, solidaridad; que ya no valen nada frente al dinero, la productividad y el desarrollo insostenible. Si la humanidad no rectifica su codicia y continúa obstinada contra la naturaleza, la naturaleza acabará con ella, porque las especies o se adaptan o desaparecen. El mundo nos digerirá y seguirá viviendo, porque es el todo, muchísimo más que nosotros, que somos una insignificancia en un pequeño planeta.
En 1989, Sampedro escribió un cuento para su nieto. Quiso explicarle el funcionamiento de las cosas al niño, de 9 años, o “lo que pasa de verdad”. El mercado y la globalización (reeditado en el 2002) resultó ser la más exacta premonición de lo que hoy vivimos: La liberalización al máximo de los flujos financieros y monetarios, fomenta sus operaciones especulativos por cuantías muy superiores al valor total de las mercancías (…) En ocasiones, se llega a provocar desestabilizaciones y hasta crisis monetarias con auténticos ataques especulativos, que los gobiernos afectados no pueden atajar por la superioridad de recursos de los atacantes y porque los poderes políticos han venido abdicando de su capacidad de legislar contra tales operaciones
-¿Qué le dijeron entonces los expertos, esos que en pleno desconcierto llamamos gurus?
No era yo el único que lo decía, sino otros economistas mucho más importantes, como Galbraith. Nos tachaban de catastrofistas y nos contradecían, pero sin argumentos.
-Con dos décadas de antelación, ¿cómo es posible que viera usted tan claro lo que está sucediendo?
Porque estaba a la vista. Mucho antes, en el 47, recién acabada la carrera, ya escribí alertando de la pérdida de impulso del capitalismo. Pero siguen negándose a ver que el sistema capitalista, que fue enormemente eficaz en el siglo XVI, está agotado; no funciona porque la gente ha perdido el espíritu aventurero o emprendedor, y ya no reacciona a los estímulos.

-¿Qué etapa en todo lo previsto representa el actual recorte de la Europa monetaria?

Exactamente eso, un recorte. En la Historia, el poder ser va transfiriendo, y después del poder capitalista de Europa que dura hasta el siglo XX, en el 45 pasa a Estados Unidos, que tiene una concepción distinta a la nuestra, porque no conserva el sentido ético heredado de la Antigüedad: poder es poder hacer. Y llegamos a hoy, y EEUU ha perdido la hegemonía frente a las economías emergentes de China e India, mientras que Europa no se ha reconstruido, y no funciona. El capitalismo ya no va a revertir ni en beneficio de Europa ni de EEUU. Se empeñan en aumentar la productividad a base de innovación no siempre real, pero con qué fines, ¿para tener cada vez más?: despidámonos, la población planetaria se ha triplicado en el siglo XX, mientras que la capacidad productiva de la Tierra, no. El nivel de los países adelantados es insostenible, y así surge la teoría del decrecimiento: o se redistribuye la riqueza de este 20% de privilegiados o no hay continuidad. Entonces, a qué nos apuntamos: a un desarrollo insostenible para tener más o pensamos en ser mejores y recuperar la armonía.

-Decía hace un año que habríamos de esperar a que se noten los efectos de una crisis catastrófica, pero los Gobiernos contemplan la reacción popular como un mal menor, un impacto mediático anestesiado. ¿Confían demasiado?

El mundo desarrollado está anestesiado, sí, pero no los africanos, que vienen aquí a buscar su parte de los recursos, a los que tienen derecho como habitantes del planeta. No, ellos no están aletargados, como los europeos, que resisten porque aún se creen que alguien reformará el sistema bancario.

-Pero, ¿por dónde ha de venir la reacción?

En un momento dado, todo esto estallará. Son de temer y esperar conmociones sociales mucho más fuertes que ésas a las que te refieres.

-Ahí quería llegar.

Sí, claro. China, por ejemplo, es un poder emergente pero tiene un problema interno de desigualdad brutal entre un mundo agrícola y una masa obrera explotada, y la minoría del capital que prospera. Y eso no aguanta indefinidamente: que se teman las reacciones.

-Entonces, ¿cree que la población mundial es aún capaz de revolución? ¿Es ésta la solución?

No sé exactamente cómo, pero algo tiene que pasar. No sé si será una o muchas revueltas, o si serán las catástrofes naturales provocadas por la barbarie humana.

¿Tiene esto arreglo?, me preguntabas. Pues mira, no; es como una taza que se rompe en mil pedazos y pretendes pegarla, pero no es posible: habrá que conseguir otra taza, inventar otro sistema, pero no será posible mientras el poder sea de los bancos y no del sistema democrático. Despilfarramos recursos buscando agua en Marte mientras miles de millones no tienen agua potable en el planeta, ¿habremos de volver a las guerras del agua con en tiempos primitivos?

-¿Esto que se ha llamado globalización, no es acaso una forma más de imperialismo?

Es una oligarquía, financiera, que desplaza en el poder a la democracia, suprimiendo los bienes y ámbitos públicos por privados. Pongamos por ejemplo, ¿se ha hecho algo contra los paraísos fiscales? No, porque son su instrumento de poder, su fuerza, su argumento neoliberal. O Bolonia, que significa sustituir la universidad del saber por escuelas técnicas que ignoran el fin de la excelencia, el perfeccionamiento; no, ser mejor no cuenta, sino tener más.

-Después del capitalismo, agotado, ¿vendrá por fin el socialismo inédito, es aún factible?

La salida de todo esto tendrá que ser una forma de poder público, llámale como quieras, pero un sistema diferente. Ten en cuenta de que gracias a las nuevas comunicaciones podemos imaginar formas de organización social que son muy diferentes a lo anterior, que no requieran tan ingente e inútil gasto como el parlamentarismo. La democracia real ya no existe, es sólo forma: lo que gobierna es la oligarquía financiera, y mientras esto siga así, no habrá cambio alguno: la reforma financiera exige que se le quite el poder a los bancos.

Se me ocurre imaginar cómo atenderá José Luis Sampedro los telediarios, como será su reacción ante la evidencia que a la mayoría aún parece sorprendernos cada día. Se lo pregunto a su mujer, sentada a nuestra vera, y Olga, que se ríe: “Ay, si no fuera trágico, sería cómico”. Y él, “deplorando, los atiendo deplorando”.

-José Luis, procede usted de un naufragio histórico, ¿a qué orilla ha llegado?

Al aislamiento. Me he apedado del mundo, soy ajeno a este mundo que no me gusta, y vivo gracias a Olga, que es mi intérprete (Olga Lucas, escritora, poeta, traductora e intérprete). Procuro en cambio cultivar la armonía con lo que me rodea, dejo que el río de la vida me lleve y me sostenga hacia delante para acabar como los grandes ríos, en un estuario que se dilata y donde las aguas dulces empiezan a sentir sal y las saladas, un poco de dulzura, y cuando te das cuenta ya no eres río sino océano. Y ya está, y no necesito más, y no me importa nada.

Olga, que nos escucha en silencio desde su silla, se agita levemente contrariada por lo que acaba de escuchar: “deberías matizar”. “Sí, eso: matiza, matiza”, le responde su marido. “Una cosa es tu aislamiento como individuo en tu vida personal y otra, que la gente no te es indiferente: no hay causa social en la que no estés involucrado, vives como un abuelo acosado; el solitario solidario que dice Gala”. “Sí, tengo una gran responsabilidad moral hacia la gente, que me ha ayudado a ser algo. Sí, soy solidario, pero no vivo con el espíritu de la época”.

José Luis Sampedro fue “un joven de orden” que durante la Guerra Civil le tocó luchar en ambos bandos. Con 19 años lo incorporan a un batallón de anarquistas de la República, y ahí empieza su educación real, su descubrimiento de la vida, la cabeza aún llena de mitos. “Hasta entonces no había hecho más que estudiar, y aquellos hombres me enseñaron cosas de la vida que no sospechaba. Era gente madura, íntegra. Luego con la derecha me pasaron a intendencia. Yo era gente de orden, funcionario de Aduanas en Santander, y escuchaba en la radio clandestina de la derecha los crímenes y desmanes de las milicias, pero cuando en el 37 los militares toman la ciudad, me doy cuenta de que aquellos no son los míos, reflexiono sobre el legado de los anarquistas y descubro el principio de mi educación política”. Que evoluciona hacia posturas de una izquierda humanista, hasta terminar sintiéndose anarquista. ¿Anarquía como único orden ya posible?, le pregunto.

-La anarquía es simplemente estar enfrente del poder dominante. Y está llena de valores, de estima, respeto, justicia social, reconocimiento del grupo. Pese a la caricatura que de ella se ha hecho, y pese a que hoy es utópica, porque requiere una educación que no se imparte: se nos educa para ser productores y consumidores, y eso es todo lo que al poder le interesa. Pero todas las orquestas entonan la música, y durante 40 años, los que opinábamos en contra de este mercado caótico no teníamos púlpito ni elogios.

-De hecho, ¿esta actitud anárquica es la razón de que jamás le hayan reconocido con un premio literario a la altura de su obra? Se ha creado una plataforma ciudadana llamada “JLS merece un gran premio literario”.

-Mira eso de los premios yo ya no lo sé. Te puedo decir que mi Literatura la he escrito con una dedicación total y lo mejor que he podido. No he escrito ningún libro por una razón comercial, sino por necesidad de escribirlo, porque tenía una historia que se me hinchaba en la cabeza como un tumor y entonces me hacía una raja y salían unos papeles y se los mandaba al editor. Y si son buenos o malos, eso no lo sé; yo estoy satisfecho por haber hecho lo mejor que he podido. Ni tampoco juzgo a nadie, y sé que hay literatos mejores que yo. Pero no me interesa pertenecer a ningún grupo de gente importante, aquí estoy en mi rinconcito, encantado de la vida. No me quejo,  no envidio nada. Acaban de darme el Premio Internacional Menéndez Pelayo, que ha sido la gran sorpresa, no sabía ni que era candidato, y lo agradezco mucho, pero no he movido un dedo, como tampoco lo moví para ser académico.

Con 19 años escribe su primera novela (La estatua de Adolfo Espejo) que ha de esperar hasta sus 77 años para ser publicada. Escribía pero era funcionario y luego catedrático de Estructura Económica y mil cosas más; le pregunto, ¿fue dolorosa tanta espera hasta llegar a ella, la literatura como forma de vida?

-No, nunca ha habido frustración. Y no ha sido espera, nunca he parado de escribir, aunque fuera más economía que literatura. Y estaba satisfecho, por hacer las cosas lo mejor que he podido; y además, el encuentro con la gente, la enseñanza en la Universidad y mi relación con los jóvenes llenaba mi vida.

-Y toda la culpa la tuvo un baúl, y un regreso a la Edad Media desde el norte caliente de África, ocho años tenía. ¿Qué pasó?

Fui a vivir con unos tíos mayores a Cihuela, para estudiar en un buen colegio. Y me encontré desarraigado y solitario sin el cariño de mis padres. Pero tuve la suerte de encontrar un arcón con folletones del siglo XIX editados por un periódico, y así descubro que en la cabeza de las personas puede existir otro mundo, que es el de la creación, y es donde viven las ideologías, la magia, los dioses y todo lo imaginario.

-José Luis, ¿de dónde es usted?, ¿cuál es su patria?

Depende (me cuenta un chiste de gallegos). Soy un inmigrante sin posibilidad de retorno a su país, porque mi país es la España del 35, que era un mundo muy diferente, donde se conservaban los valores, pese al fascismo. Mi infancia la pasé en Tánger y mi adolescencia, en Aranjuez, y esto es lo decisivo; a los 18 años ya estás hecho: el resto son influencias.

-Alhama de Aragón le nombra hijo adoptivo por sus veraneos, ¿qué le debe a las aguas sulfurosas de su balneario?

Más de 40 años de tranquilidad monacal para poder escribir. Fui por primera vez por una dolencia de lumbago, a principios de los 50.

-Apareció (Olga Lucas) bajo las alas de una pamela azul, 1997. Llevaba 11 años José Luis doliéndose de vivir sin Isabel, su mujer que para él era “definitiva”, madre de su única hija, no quería el escritor sino morir sin ella. Y apareció bajo la pamela, que conservan como oro en paño en los altos de su casa de Madrid, junto a incontables miles de fichas y apuntes que sirvieron a Sampedro para construir sus novelas con la paciencia de un orfebre: la casa repleta y ellos refugiados frente al mar. Dice Olga que no estaba tan solo entonces, que le perseguían las fans de la sirena glauca (La vieja sirena), con sus cartas enaltecidas de amor. También ella pasaba su verano aliviando dolores en el agua, se encontraron una noche y se citaron. Una amiga le había contado que al escritor le gustaban las mujeres tocadas con sombrero. Y allá se fue, a su cita a la hora de té en el casino del balneario. Muchas gracias por el sombrero, le dice él. “Y en ese momento supe que mi suerte estaba echada”, ironiza ahora Olga. Y él, “Anda que la mía…” Se ríen. Les bastaron 24 horas de cortejo para amarse para siempre.

-José Luis, ¿sería aún capaz de tanto erotismo como el aquella sirena varada en tierra?

Sí, sí, sí; eso sí, pero no de una novela tan larga, un fresco con tantos personajes.

-¿Qué escribe hoy?

Estamos escribiendo entre los dos un ensayo ficcionado que arranca de un texto que escribí para la Expo de Zaragoza, La balada del agua. Es una historia donde los cuatro elementos de la naturaleza se quejan de que los hombres los están abandonando: mientras piensan en otros elementos, como los químicos, las partículas subatómicas, etcétera, se olvidan del agua quita la sed, de la tierra que nos alimentan, el fuego que nos calienta y el aire gracias al cual respiramos. Y sobre un argumento que es idea de Olga, hablamos de todo esto: el final de un sistema, la barbarie que vivimos.

-José Luis, díganos algo bonito sobre la vejez, para irnos contentos.

El arte de la vejez es arreglárselas para acabar como los grandes ríos, serena, sabiamente; como termina el Tajo en Lisboa, en estuario, el río reposado en el llano sin las turbulencias de la montaña, dilatándose, el agua dulce empieza a sentir la sal y el océano, un poco de dulzura, y cuando te das cuenta ya no eres río sino océano. Eso es lo que yo pretendo.

CIENCIA:

-Confía en que la genética como medio de salvación, ¿acaso la cree capaz de crear un bebé anticonsumista?

 

-Premonitoria fue igualmente con su arenga sobre la conservación de la naturaleza, ¿seremos capaces de reconducir la catástrofe natural, el agotamiento definitivo de todo recurso incluido el aire que respiramos?

 

-Los arquitectos, grandes señores del poder, hablan de edificios y urbanismo sostenibles, ¿qué hay de sostenible en esas esculturas mastodónticas que levatan?

¿la arquitectura está haciendo algo por el individuo?

 

FIN


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