Jostein Gaarder: un encuentro en la tercera fase.

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Posted April 16, 2012 by Miss K. in Entrevistas
Jostein Gaarder. El mundo de Sofía

Se cumplían 10 años de la publicación en nuestro país de El mundo de Sofía, un millón de ejemplares vendidos entre los 25 que ha supuesto este fenómeno en el mundo. Gaarder volvió a visitarnos y bautizó una colección que su editorial ha creado para celebrar el aniversario, y trajo bajo el brazo nada menos que su primer título infantil, “Los niños de Sukhavati”, tal cual lo escribió hace 20 años, sin revisarlo. Una novela o cuento naif que viene a ser la antítesis de un encuentro en la tercera fase: los niños del universo exterior renuncian a su inmortalidad para sumergirse en los misterios de esta vida terrena. Un libro muy místico, lo reconoce. Profeta de un nuevo existencialismo de corte vitalista.

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El mundo de Sofía era una historia muy visual sobre nuestras raíces culturales, hoy en cambio añadiría algo más sobre nuestra relación con la naturaleza. La esencia del ser humano no sólo es cultural, sino natural. Ahora me preocupan más las ciencias naturales y el medioambiente, leo más asuntos científicos que humanidades. Escribiría la  misma historia, pero fijándome más en cómo podemos colaborar al mantenimiento del planeta, a la creación de un futuro sostenible”

Miss K. pregunta, Jostein responde

El profesor Gaarder (Bergen, Noruega, 1952) había vendido cinco millones de su primer libro publicado pero no se sentía escritor; aún no. Diez años más tarde, 20 millones de copias más de El mundo de Sofía, 10 novelas o cuentos después, Jostein Gaarder ha logrado creérselo a fuerza de razón. Por lo demás, poco han cambiado él y su vida: apenas se aprecian unas cuantas arrugas más, unos pelos menos y, eso sí, un nuevo color en su piel; la piel curtida por el aire frío y limpio que sopla en su nueva casa de campo. Ya ven qué poco le han cambiado los 200 millones de coronas que ha ganado, una década vendiendo libros por arrobas. Por lo demás, el antiguo profesor sigue buscando las respuestas al misterio de la vida, que bien sabe nunca encontrará. Y aquí sí, aquí, como en su lengua, hoy más rápida y dispersa, sí ha evolucionado el profesor: alejado de los planteamientos filosófico que le alimentaban, la Ciencia se ha convertido en su piedra angular: astronomía, física, bioquímica… Digamos, dice él, que ha antepuesto la condición natural del ser humano a su esencia filosófica. Y así va, más feliz aún, misterioso, mágico, místico. Difícil es hoy arrancar al escritor de sus lamentos por el medioambiente. ¿Y las guerras, la banalización del hombre, acaso no le preocupan? Sí, pero está convencido de que un entorno mejor hará crecer al ser humano.

-Hace 10 años intentó explicar el mundo a los  niños con El mundo de Sofía. ¿Cómo se lo contaría hoy?

-Más o menos igual, pero El mundo de Sofía era una historia muy visual sobre nuestras raíces culturales, hoy en cambio añadiría algo más sobre nuestra relación con la naturaleza. La esencia del ser humano no sólo es cultural, sino natural. Ahora me preocupan más las ciencias naturales y el medioambiente, leo más asuntos científicos que humanidades. Escribiría la  misma historia, pero fijándome más en cómo podemos colaborar al mantenimiento del planeta, a la creación de un futuro sostenible.

Cuando el libro se publicó aquí, hicimos un interesante coloquio con escolares. Después de las últimas atrocidades que nos ha tocado vivir, ¿cree que los niños le harían hoy las mismas preguntas que entonces?

Recuerdo el coloquio: me hacían las misma preguntas aquí que en Japón o en México. Y hoy serían parecidas, pero los jóvenes preguntarían más sobre el futuro del planeta, mucho más que hace 15 años.

¿No cree que hoy les preocupan más las guerras?

No, después de que la caída del muro de Berlín y la desaparición de la amenaza nuclear, los jóvenes se preocupan cada vez más por el medioambiente. A mí me sucede lo mismo, por eso he creado la Fundación Sofía y el premio anual al  mejor proyecto medioambiental. Este año hemos premiado a Waangari Mathai, la mujer keniana que también ganó el Premio Nobel: nos adelantamos dos meses a la Academia Sueca.

Gaarder, ¿cómo cambiaría el mundo si Lik y Lak (“Los niños de Suhkavati”) consiguieran su objetivo: hacer conscientes a los humanos de lo maravillosa que es la vida?

Creo que, si al cabo de un tiempo, pudiéramos volver a contemplar a estos niños de otro planeta, impresionados con la belleza de nuestro mundo, veríamos lo mucho que se sorprenden de cómo los humanos lo destruyen: serían unos ecologistas convencidos. Hemos ido tan lejos en esta destrucción… quedan tan pocos felinos salvajes, por ejemplo, tan pocos osos o lobos…

¿De verdad le preocupa más esto que la guerra del hombre contra el hombre?

Por supuesto que estoy preocupado por las guerras y por la lucha contra este fenómeno que llamamos terrorismo internacional. Estoy totalmente de acuerdo con Bush cuando dice que hay que encontrar a los terroristas, e incluso acabar con ellos, sí, pero lo fundamental es preguntarse por qué sucede, por qué razón existe el terrorismo. Te pongo un ejemplo: una niña está jugando con un gato en una habitación y alguien les lanza una pelota; el gato perseguirá la bola, guiado por su instinto básico, pero la niña se dará la vuelta para saber de dónde viene la pelota. ¿Entiendes? No nos podemos comportar como gatos, corriendo detrás de la bola: debemos preguntarnos los porqués.

Humm, ¡qué estupendo símil!

¿Verdad? Por supuesto que estoy preocupado por el terrorismo, pero sobre todo por las condiciones que lo han generado. Me preocupan las milicias de Hamás en Palestina, no puedo tolerar su comportamiento, pero también me preocupa y mucho la actuación de la policía israelí que está creando las condiciones que fomentan ese terrorismo. Las Naciones Unidas y el mundo entero hablan de las armas de destrucción masiva, y declaran la guerra a Irak, y ¿qué ocurre con las armas de Israel?

¿He aquí sus más profundas preocupaciones?

Sí, pero el calentamiento de la Tierra, por ejemplo, me preocupa a más largo plazo.

Los científicos advierten de que en los próximos 100 años podría darse una nueva glaciación, ¿le inquieta el futuro de sus hijos?

Sí, y es tan probable que esto suceda… El sistema económico ha llevado a la naturaleza al límite de sus posibilidades, no aguanta más. Yo no me opongo a los beneficios de las empresas, ni a las empresas ni al capitalismo, pero dado que las empresas capitalistas no son entidades morales hay que ponerles leyes, regulaciones y Gobiernos que las controlen. Mira, lo que sucedió aquí con Aznar, su derrota electoral fruto del rechazo de la gente a su política en Irak, ha sido algo  muy demostrativo, una especie de revulsivo para las conciencias que ha recorrido el mundo entero. No estoy atacando ni defendiendo a ningún político español, porque no los conozco: simplemente digo que ha sido un ejemplo.

Volvamos a Sukhavati, donde se dice que “el principal problema del ser humano es que no puede ver más allá de su bola de cristal”, ¿qué representa la metáfora de la bola?

La realidad, que encierra dos grandísimos misterios que hasta hoy la Ciencia no ha logrado resolver. Uno es qué existía antes del Big-Ban, o sea qué es, cómo era el universo en un principio. Y el segundo es la conciencia humana: desconocemos lo que es, sólo existen especulaciones al respecto. Y tal vez haya una conexión entre ambos: la creación del mundo y la conciencia.

¿Por eso, por no ver más allá de nuestra realidad, prohibimos lo que se nos presenta como diferente?

Exacto. Deberíamos contemplarnos desde fuera, y ver lo triviales que son nuestras fronteras. Deberíamos aprender a vivir juntos, porque no sabemos: nos comportamos unos con otros como animales de la selva.

Según se cuenta en el libro, “sólo aquellos que piensan que lo saben todo, aparentemente seguros de sí mismos, se enfadan cuando encuentran un ser diferente o algo que  no logran entender”. ¿Se refiere a los poderosos?

Los humanos tienen miedo cuando ven a los niños extraterrestres, que no tienen ombligo; y tienen miedo porque son diferentes. Toda la literatura y el cine que se ha hecho sobre aliens surge exactamente sobre el mismo planteamiento: el miedo que produce encontrar seres extraños. Sí, pero, ¿qué hay de los aliens?, ¿acaso ellos no se asustan también de vernos? Este cuento es más o menos lo contrario de los Encuentros en la tercera fase, de Spielberg. Bien, yo he tenido una experiencia personal comparable a estos encuentros en la tercera fase, porque me he levantado una mañana y me he sentido un alien en mí mismo frente al espejo, aunque lo normal es que el hombre esté ciego y no se vea a sí  mismo desde fuera.

¿Por qué los humanos usan la fuerza contra ellos?

Por lo mismo que un perro muerde, porque temen lo que es diferente a ellos, lo que desconocen.

También el ateismo rechaza lo que no logra comprender, niega los misterios y a los dioses. En cambio usted se interesa por Dios precisamente a través de los  misterios: ¿es usted una especie de místico?

Si los dos entendemos lo mismo por místico, la respuesta es sí, lo soy. Mi experiencia del mundo, de la naturaleza y el universo, es que somos parte de un misterio mágico y divino. Mi creencia es panteista. Como decían los antiguos místicos de la Cristiandad: el ojo que ve a Dios, es el ojo de Dios.

¿Hay entre sus personajes un trasunto de Dios (Oliver) y otro de Adán y Eva  (Lik y Lak)?

Puede ser, no sé si fui consciente de ello cuando lo escribí, pero entiendo lo que dices.

¿Se trata de una historia moderna de la religión cristiana?

Yo diría que es más primario, es una fantasía. Lo que pretendo es que los lectores se descubran como parte de un misterio y que aprecien lo maravilloso que es vivir. Yo lo sentí con 11 años, fue una experiencia muy fuerte, pero al mismo tiempo empecé a pensar que estaría aquí sólo por un corto período de tiempo. Entonces empecé a preocuparme por la finitud de la vida. “Los niños de Sukhavati” sacrifican su eternidad por la fantástica experiencia de ser seres humanos: hacen una elección, y esa es la cuestión esencial de esta historia.

¿A usted le gustaría vivir eternamente?

Sí, definitivamente. Lo cuento en “Maya”: dos personas se encuentran en una de las islas Fidjis, un anciano británico que le gustaría vivir para siempre y un joven noruego, que tiene un encendedor, y le dice: este mechero es mágico, si lo enciendes ahora vivirás para siempre; ésta es tu única oportunidad. Y el anciano coge el mechero y lo prende, inmediatamente.

¿Y usted haría lo mismo, de verdad?

Sí, lo mismo. Y le he hecho la misma pregunta a un montón de gente y la mayoría dice: no, yo nunca lo haría.

Y a quién se llevaría a la isla, como preguntan en los cuestionarios tipo.

Probablemente elegiría a mi esposa. Para muchos, esto sería una pesadilla: pasar la eternidad discutiendo, peleándose, aburriéndose. No es mi caso.

¿Todavía le tiene miedo a la muerte?

Mira, yo no diría que tengo miedo, siento una especie de tristeza. Me levanto cada mañana y me parece tan bonito ser el abuelo de ese nietecillo que tengo, que no me gustaría dejar de sentirlo nunca.

Gaarder, se define socialdemócrata convencido, tanto que se avergüenza de haber ganado tanto dinero. ¿Podría decirme cuánto es aproximadamente ese dinero que le avergüenza?

Sí, aproximadamente 200 millones de coronas suecas, que en euros sería… (se pone a hacer cuentas y no lo logra; pero son unos 22 millones de euros aprox). Sin contar los impuestos, claro, que suponen el 50 por cien.

Impuestos que como buen ciudadano le alegra pagarlos, ¿cierto?

Absolutamente, porque creo en el sistema socialdemócrata.

¿Y qué hace con este dinero, aparte de vivir?

He gastado un montón de ese dinero en la Fundación Sofía para la conservación del medioambiente, y colaboro con muy diferentes causas justas y ecologistas. Además, me he comprado la casa, que es preciosa, y una granja en la costa, que también es fantástica. Estas son las únicas dos cosas personales que me he permitido.

¿Y con sus sueños?, ¿qué hace con sus sueños cuando se levanta?

Procuro recordarlos y, aunque nunca los escribo, forman parte de mi existencia y de mi tiempo, incluso aquellos que no son agradables.

Dicen de Jostein Gaarder que siempre escribe historia tristes, ¿sería capaz de concebir la Literatura de otro modo, literatura hecha desde la felicidad?

Mis libros, pese a ser tristes, pese a hablar de los límites de la vida, o sea la muerte, ofrecen siempre una conformidad con la vida: hacen que la gente se alegre de vivir.

El éxito de sus libros y de este tipo de literatura “positivista” de la existencia, ¿se debe al remordimiento de la gente por sus propias vidas?

Espero que sí. Creo que una de las razones de que mi libros se vendan de esta forma tan increíble a lo largo del planeta, es porque mucha gente, al leerlos, toman conciencia de su propia vida, y sienten mayor deseo de vivirla y de entender el significado de la existencia. Me lo han dicho en muchísimas ocasiones, y a eso me refiero cuando digo que, aunque tristes, mis historias son conformistas con la vida.

¿Y Dios dónde vive?

En una ocasión me contó que sus hijos le preguntaban si Jesús era el hijo de Dios y que usted no sabía qué responderles. Mi hijo, tres años, pregunta siempre si el  niño Jesús y Dios están muertos, ¿qué debiera contestarle?

Bueno, las respuestas posibles son infinitas. Deberías ser honesta y responderle según lo que tú crees.

¿Y si no creo nada?

Jesús es un profesor moral y un ser humano extraordinario, pero tampoco yo creo que esté en el cielo, porque de algún modo está vivo entre nosotros: lo celebramos, leemos sus enseñanzas, hablamos de él, cantamos canciones sobre él. Aunque ya no puedas encontrártelo por aquí paseando, realmente él sigue vivo entre nosotros.

¿Y dónde vive?, porque ésta, sin duda, sería su siguiente pregunta.

Vive en nuestros corazones, en nuestro pensamiento, en las imágenes de la Iglesia. Está presente.

 


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