Miss con el último mohicano (de los periodistas)

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Posted April 16, 2012 by Miss K. in Entrevistas
El último Mohicano1b

¿Es Raúl del Pozo el último mohicano del periodismo serio? Pudiera ser, pero reconoce que “el periodismo serio no tiene share” y que los intelectuales han muerto. Intuye sin embargo que estamos al cabo de una gran revolución de las masas. Ha ganado el Premio Primavera de Novela con “El reclamo”, en donde quiso narrar el paisaje de su infancia, pero se le atravesó la ira de juventud que aún conserva y ha escrito una historia real/ficticia sobre la última cruzada romántica o la resistencia del maquis en su Sierra de Cuenca, vivero del castellano más puro.

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Rául del Pozo quiso volver a su infancia, ese tiempo/paisaje de puentes y veredas, de truchas y alimoches; al “gran western” que es la niñez, su niñez en el último reducto del castellano, armado de su prosa, bonita, poética, cadenciosa. Y escribió una novela que es un río, que va del inmenso Paraná a los riachuelos sin nombre de la serranía de Cuenca, donde nació un día de Navidad, el de 1936. Pero en medio de la escritura se le atravesó una idea, “dar cuatro pistoletazos en la mesa de novedades literarias”. Es decir, escribir un libro incorrecto. Y eso al fin ha hecho.[/box_download]

“El reclamo”, que ha ganado el Premio Primavera de Novela 2011 (Espasa), nos cuenta que la Guerra Civil no fue un enfrentamiento ideológico, sino una “matanza” fratricida llena de sangre, a secas; donde matar era el modo de sobrevivir y donde todos fueron vencidos. Desarma con fundamento la gran y última hazaña romántica, la resistencia del maquis, pobres ignorantes o idealistas (igual para el caso) engañados por la hipocresía de la política internacional.

Se tropezó Raúl del Pozo con los disparos y ahí está la novela, para quien quiera leerla, en un castellano cuidado. Pero sus disparos son en realidad la rabia que al maestro le queda de su juventud y de su aguerrida carrera periodística, lejos de las trincheras de otra guerra que no sea la ideológica: su irreverencia/ira en un universo de pensamiento correcto. Y sobre esto, claro, sobre la incorrección, le he preguntado al maestro, que esta mañana ha venido a Barcelona. En sus calles, sin querer, se ha paseado por la memoria de unos años 60 tumultuosos, revueltos, airados, allá por las noches de La Rambla; chulos y putas, y marines y poetas. A Raúl le traiciona la memoria en forma de lágrimas.

Le han llamado el último escritor del Siglo de Oro, ¿quiere decir algo así como “el último mohicano”, siente algo de esto?

A Carmen (Rigalt, su hermana en el afecto) se le ha ido la mano, se ha pasado diciendo esto. En cambio, pues sí, en cierta manera me siento el último mohicano: he escrito una novela para dar cuatro tiros en la mesa de novedades, porque si no, no hay quien se acerque: los tiros son el reclamo. Pero en realidad es una novela de la gran aventura que es la niñez, su crueldad y su alegría. Y los maquis pasaron por allí, sí, por el último vivero de vocablos de la lengua castellana, como llamara Dámaso Alonso a la Sierra de Cuenca, dando latas de sardinas y onzas de chocolate a los niños que se les acercaban.

-25 de diciembre de 1936, Mariana, Cuenca, ¿ese niño es usted?

No hace falta que digas la fecha, di la noche de Navidad, como Ava Gadner y Jesucristo. Bueno, haz lo que te dé la gana. Es un viaje, es un río y es la niñez, es una novela clásica.

-Empiezo por el mohicano: ahora que opinar es gratis, que cualquiera puede verter su veneno personal en un blog o un micrófono abierto, ¿el periodismo de opinión dónde queda?

El periodismo serio no tiene share, lo dicen los productores de televisión. Los periodistas serios no tienen tirón.

¿Pierde relevancia cuando más necesario es?

Vivimos un tsunami de las ideas, una especie de invierno nuclear de la cultura, y un polvo debajo del edredón recibe más atención que toda la novelística que se publica en los meses de mayo y junio (previos a la Feria del Libro). Los intelectuales eran un coñazo y se equivocaron, pero desaparecieron y fueron sustituidos por los cronistas del corazón; murieron y no nació nada nuevo.

-¿Quiénes son responsables de haber propiciado este circo donde a mayor zafiedad mayor audiencia?, ¿a quién le echamos la culpa?

Yo empezaría por los dos grandes partidos, que hacen telebasura: el sistema bipartidista empieza a parecerse al Gran Hermano. Luego está internet: la gente menor de 35 años no lee periódicos ni libros: estamos ante una nueva retórica, una nueva era, que yo espero pueda traernos una época esplendorosa. Y hay un terrible odio a la gente que destaca: cuando nosotros éramos jóvenes adorábamos a los maestros, y ahora les dan patadas en los huevos, pero vete a saber si esto es bueno, porque la juventud es una venganza contra el sistema y la vejez no es garantía de nada.

-¿Cómo no, maestro?, ¿la vejez no es sabia?

No, qué coño va a ser sabia la vejez, si pierdes la memoria, te haces dogmático y vanidoso; los viejos están llenos de rencor. Eso es un mito, y no hay más que un género humano: no mitifiquemos.

-¿Tiene remedio este circo mediático o es una cadena imparable?

Yo creo que algo gordo va a pasar. Ha nacido un komintern del jazmín, una nueva revuelta se ha desatado y ya se oye el tambor de una tribu que suena en todo el norte de África y que está llegando a los países democráticos. Como la imprenta trajo la Ilustración, el marxismo y demás, en este invierno cultural está naciendo algo, sí, que puede ser bueno: internet es una herramienta poderosísima capaz de llevar la biblioteca universal a una chabola, y este conocimiento instantáneo y accesible será importantísimo.

-Ya, ¿y quién lo controla?

De momento nadie, pero mejor así. La revolución de los ninis no tiene intelectuales ni poetas, muchos son descerebrados que se citan a las 6 para romper escaparates.

-¿Y de esto presume que saldrá algo positivo?

Ellos tienen la ira y la venganza, que pueden ser positivas.

-Dejando a los ninis, alimentarse de los mass-media es altamente nocivo para la salud mental, ¿no lo nota en la calle?

No, creo que aún no hay bastante irritación. Lo mejor del Gobierno de Zapatero, pese a todo, es que se ha mantenido la paz social gracias a un pacto con los sindicatos. Pero cuidado, estamos pisando el cocodrilo, y un día va a abrir la boca.

-Donde cocodrilo es metáfora ¿de?

Peligro: como la gente despierte se va a organizar la hostia. Egipto y Túnez cayeron en 10 días, Libia ha ocasionado una guerra, las monarquías medievales árabes se están estremeciendo… Como esto llegue a Europa, a los infiernos de la inmigración, no esperemos una revuelta como la del 68, liderada por estudiantes pijos, sino el levantamiento del lumpen más desesperado y encima de mayoría islámica.

-¿Dónde cree que podría estallar algo así, en Italia?

En cualquier país de Europa; en Inglaterra, por ejemplo: aunque se intente ocultar, muchos de los terroristas que ponen bombas en Paquistán son ciudadanos ingleses. Pero yo soy posibilista, y creo que la revolución de la información será a la larga buena, porque este mono que es el hombre, cuando parece a punto de la exterminación, inventa algo maravilloso. Confío en una nueva manera de entendernos, y en una democracia profunda que destierre a éstas de marketing.

-Raúl, ¿qué es el pensamiento correcto?

Una sobreactuación de los partidos del aparato del Estado, una hipocresía consensuada.

-¿Y usted dónde se sitúa, ideológicamente hablando?

Yo no quiero ser espectador ni equidistante; como dice Sartre: ser espectador es ser traidor. Y es verdad, hay que tomar partido, pero yo ya no quiero estar en ninguna de las orillas del Ebro que eternamente dividen a este país. El sectarismo y el marketing de los partidos al modo de hinchada de fútbol, es repugnante. Yo intento ser demócrata, que ya es difícil, porque no nos educaron para ello, y liberal de izquierdas, que nada tiene que ver con el liberalismo económico sino con la izquierda no dogmática del siglo XIX, que fueron los verdaderos revolucionarios.  

-¿Trabajamos en un medio de comunicación con tendencia política definida o a qué jugamos?, ¿quiénes somos, dónde estamos?

El Mundo es el último coctel molotov.

-Y usted el último mohicano, pero ¿jugamos a despistar?

No, no, no; El Mundo es como la legión, a nadie le preguntan por su pasado ni por su ideología, y Pedro J. es el director de una orquesta en la que hay desde trompetas de la derecha hasta laúdes, que serían el símil de la izquierda. Y por eso es fascinante: las editoriales van por un lado y los columnistas, por donde les da la gana. Y ese descontrol controlado es el encanto del medio.

-Muchos esperamos que a Sostres le caiga el pelo por justificar la más aberrante criminalidad machista, pero ¿cuánto tiempo llevaba practicando el género; él y unos cuántos como él?

(Preferiría no responder, “no me metas en ese infierno”, pero lo hace): Hay una ira contenida en el periódico, la redacción está indignada, pero a nadie hay que perseguirlo por lo que diga. Cuando estalló la Revolución Francesa, Sade era el único detenido en Tullerías por sus ideas, que escandalizaban. Pero claro, la democracia ha de tener unos límites.

-Hace tres años le había caído encima el relevo de Francisco Umbral y de pronto se sintió enfermo, ¿real o imaginario?

Ya he superado al vampiro, me lo he quitado de encima (el vampiro es el fantasma de Umbral). Pero sigue siendo para mí el canon, el respeto, como el arcángel que me guía, aunque ya no me importa que me comparen, escribo lo que me sale de… Umbral está en la gloria y yo, en la Tierra. (Al asunto de la enfermedad no responde, pero sé que tuvo mucho de imaginario).

-¿Cómo se observa el paisaje desde la última: estamos a un paso de convertirnos en la versión hispana del casino Berlusconi?

No lo creo. En la columna cuento lo que pasa en la calle, con el mayor respeto y la mejor escritura de la que soy capaz; no soy un cuchillero de la columna que utilice el espacio para perseguir y herir a nadie. Es un lugar demasiado serio la última, desde el que se puede criticar pero sin ofender.

-Tal vez le encajaría más la pregunta en su anterior espacio: La grada de los leones (crónicas desde el Congreso). Todo vale, hoy respeto a los jueces y mañana los acuso, todo es pura demagogia que olvida los valores fundamentales y los derechos del ciudadano, ¿comparte la impresión, la intuición preberlusconi?

Los bandazos que ha dado este país son increíbles, son puro marketing y oportunismo. Pero los italianos son más listos, son capaces de vivir sin Gobierno, aquí no lo hemos probado aún. Hoy la corrupción huele, sí, si te refieres a eso. Los dos partidos van a presentarse a las elecciones con las listas llenas de chorizos, y la gente como corderitos va a ir a votarlos, ¡pero ¿cómo podemos consentir esto?!

-Casino. Raúl, el protagonista de su novela encarna el mito errante, el extranjero de sí mismo, ¿es algo que usted sienta?

En cierta manera, sí, el sentimiento del apátrida, del que ha perdido todas las guerras. Pero aunque todas las novelas sean un trasunto autobiográfico, ésta no lo es estrictamente, excepto en lo que se refiere al paisaje y las vivencias de infancia. Es la historia de unos hombres que intentaron llegar más allá del horizonte, que lucharon toda la vida, pegando tiros en busca de la democracia y la libertad, y que al final se dieron cuenta de que lo que defendían no era real, y regresaron a España y ni siquiera tenían quién les pagara la pensión. Quiere ser un homenaje a los que perdieron todas las guerras que hubo en este país, que fueron muchas: debajo de cada árbol hay un cadáver, ¿pero cómo te vas a poner a buscar huesos?

-¿Y la huida?, ¿le es propio el sentimiento?

Sí. El protagonista es un furtivo que termina por huir de sí mismo, un niño que de camino a la escuela se enroló en los maquis y sin saber por qué ahorcó gente, y fue la suya una vida de frustraciones siendo inocente. Pero yo no sé de qué huyo, tendría que preguntárselo a mi amigo psiquiatra.

-¿Qué hay de su propia niñez en el paisaje de El reclamo?

Están aquellos hombres que nos daban latas de sardinas y onzas de chocolate, pero que no sabíamos si eran guardias civiles o guerrilleros, y los ahorcados en los melonares, subiéndoles las hormigas por las botas, y cuando a mi padre le quitan la escopeta de caza, o cuando los guardias sitiaban los pueblos: me recuerdo con los brazos en alto, ocho años. Cuenca fue la última resistencia del maquis: allí esperaron en vano a los aliados, hasta que Carrillo da la orden de retirada porque los iban a matar a todos como perros, sí, recuerdo ejecuciones masivas y la tierra quemada de la retirada final.

-¿Hubiera hecho lo mismo Raúl del Pozo en la piel de Julián, el rapaz anterior a la matanza?

No, a mí las matanzas nunca me han gustado nada: cuando era reportero en Diario Pueblo, si escuchaba que había tiros en algún sitio llegaba tarde a redacción para que no me enviaran a mí. Y cuando estando en Bolivia estallaron las metralletas, me metí debajo de la cama, no por cobardía, sino porque a mí no me gusta morir en nombre de nada, lo que me gusta es vivir. Nunca me han gustado los héroes./// Pero sí hubiera hecho lo mismo que hizo Julián cuando llegó huido a los países del frío y vio que las neveras estaban vacías, que no había libertad pero sí mucha policía: me habría marchado a América. ///

-¿Es posible justificar, siquiera olvidar haber matado?

Yo creo que no. Yo ya no podría ni rematar a un conejo, como hacía de pequeño, porque me he civilizado.

-Raúl, si la memoria es siempre un reflejo subjetivo, ¿puede existir una memoria histórica?

La historia es una sucesión de matanzas escritas por los vencedores, y es imposible la objetividad y la exactitud cuando se trata de bandos, que quieren humillar al enemigo.

-¿Es siempre necesario recuperar la memoria?

Lo que hay que hacer es enterrar a los muertos con respeto, y con canciones y buenos epitafios, como hacían los griegos. Ha hecho muy bien la familia de Lorca negándose a proseguir en la búsqueda de sus huesos; para qué, ¿para que lo utilicen en las campañas electorales?

-Usted que ha ficcionado la Historia, tal vez sepa: ¿quién maneja los límites entre ficción y realidad?

Me interesa más la realidad cuando escribo novelas que cuando hago periodismo, y ésta pretendía ser una novela de niñez y del idioma, que son las verdaderas patrias del escritor. Pero luego las novelas se van solas.

Personajes de la (H)istoria
Es una galería de personajes, todos hombres y una sola mujer en la que el escritor ha volcado su ideal femenino: una psiquiatra de mirada cárpata (aunque bien pudiera ser italiana, como la de su esposa, Natalia; pero al protagonista le pilló de camino al frío). Y seis guerrilleros del maquis. Tres son revolucionarios profesionales y reales: Grande, el doctrinario comunista y comandante de la guerrilla que murió mientras se escribía la novela, hace un par de años; Gafitas, el seductor de jóvenes que se esfuma en la huida, y Bazoka, aguerrido luchador a caballo entre ficción y realidad. “Los otros tres son unos jóvenes que pasaban por allí”, y que como Julián, el narrador, se enrolaron en una batalla perdida de camino a la escuela. Tiene Julián una reminiscencia también real en la historia del camarada Domingo Malagón, héroe del Partido Comunista, personaje mítico que trabajó falsificando documentos para el aparato hasta su regreso del exilio en 1977; hoy vecino de Parla, pintor de brocha fina.


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