Susanna Tamaro recibe a Miss K. en su casa de campo

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Posted October 8, 2012 by Miss K. in Entrevistas
Susanna Tamaro

Susanna Tamaro 

Escucha mi voz, Para siempre

Sucedió allá por el éxito de Escucha mi voz, una vuelca de tuerca de la vendidísima Donde el corazón te lleve (todas en Seix Barral). La visitamos en su casa de la Umbría italiana; rodeada de su gente y sus animales, la escritora se sinceraba sobre su infancia y su espiritualidad, contaba en directo y sin ambages la misteriosa muerte de su padre y la influencia negativa que recibió de él y de su madre durante la infancia, lo que viene siendo el trasfondo de Escucha mi voz. En cuestiones más mundanas, la novelista y abogaba por la creación de un partido político del sentido común. Algo que hoy se presume más urgente que nunca.
Ahora vuelve Tamaro con una nueva entrega de amor, Para siempre, “un pacto de amor entre Nora y Matteo”, leemos en la sinopsis. “Pero Nora ya no está, y quince años después de su desaparición Matteo vive recluido en el bosque, desde donde recuerda los interrogantes que han marcado su vida y que determinan también el destino de todo ser humano. Para siempre cuenta hasta qué punto un hombre puede perderse en la tristeza y cómo la fuerza regeneradora de la Naturaleza y el misterio de la existencia encerrado en las cosas más pequeñas lo pueden apaciguar y sanar. Una historia que, en palabras de la propia Susanna Tamaro, hará detenerse al lector y exclamar: “¡Sí, la vida puede ser mucho más!”. Una especie de fábula minimalista, han dicho de la novela, que al pasar del tiempo me retrotrae a aquella visita a una casa en medio de los bosques y la naturaleza, donde Tamaro parecía haber encontrado un tesoro secreto.


La casa de Susanna Tamaro es en apariencia como su literatura, como su vida: abierta, sincera, próxima; pero guarda, como su vida, como su literatura, un inquietante misterio imposible de descifrar y que, sospecho, tiene sus raíces en la infancia (no vivida) de la escritora. La encontramos una mañana soleada podando sus árboles frutales, vestida toda ella en ropa vaquera holgada, su fina cabeza hundida en una visera, camuflada entre el verdor como una hortelana más. Entre Porano y Orvieto (región italiana de Umbría), una casa de piedra en lo alto de una colina, ni una construcción al frente: las lindes de su tierra se pierden en un bello bosque de castaños y alcornoques. Enseguida su hospitalidad organiza una mesa redonda en torno a una torta de piñones y membrillo que ha cocinado Roberta, su inseparable amiga y compañera. Hablamos con calma mientras alrededor jalea la fauna: ponnies, caballos, muchos perros, gatos, loros, conejos, gallinas y la burra Irma, que no cesa de rebuznar. Paradójicamente, 13 millones de ejemplares vendidos de Donde el corazón te lleve le han permitido a la escritora (Trieste, 1957) este retorno a la vida simple.

Miss K.-Sus novelas suelen ser un trasunto biográfico e incluso ha publicado sus reflexiones íntimas (Más fuego, más viento), ¿siente mucha necesidad de explicarse a sí misma?
Ssuanna Tamaro.-No, realmente no son tan autobiográficas mis novelas; lo único autobiográfico es el sentimiento y el modo de ver las cosas, la sensibilidad, pero no cuento mi historia personal. Mi verdadera vida es muy secreta.
En un extremo de la finca, como escarbada en el vientre de la ladera, hay una casa en dimensiones diminutas, con su porche y su estanque de sapos y carpas naranjas atravesado por un puente; fuentes, un castaño y un cementerio de perros y gatos. El conjunto ejerce una misteriosa atracción, pero Susanna advierte que no se puede fotografiar. Este universo, estas cuatro enanas paredes de madera que son el escritorio de Tamaro, guardan, supongo, el enigma del que sale toda su literatura.
M.K.-Esperó a la muerte de sus padres para escribir esta novela que dice es un ajuste de cuentas, ¿qué o cuánto daño le hicieron sus padres?
S.T.-Eran personas muy negativas, incapaces de ser padres, muy frágiles, y los padres tienen que ser fuertes frente a los hijos. Y esto naturalmente me hizo sufrir durante la infancia, porque cuando uno es niño necesita mucho amor para crecer.
M.K.-Sabido es que su padre les abandonó siendo usted muy pequeña, y que con 18 años usted misma fue a su encuentro y convivió con él en Roma, ¿no le guardaba rencor?
S.T.-No, a aquella edad quería descubrir a mi padre; de niña soñaba siempre que sería una persona maravillosa, porque los niños quieren admirar y estar orgullosos de sus padres, y luego descubrí que era una persona totalmente incapaz de amar, como el protagonista de la novela.
M.K.-Cuenta de él que detestaba los vínculos y compromisos emocionales, ¿no le parece éste un patrón muy común hoy entre los hombres, la cobardía sentimental?
S.T.-Hoy y siempre: el hombre suele buscarse una excusa ideológica o filosófica para rechazar los vínculos emocionales. El ídolo de mi padre, por ejemplo, era el hombre sin atributos de Mussil; que es lo que yo en definitiva llamo “el hombre bellaco”.
M.K.-Ha abordado la violencia de género en al menos dos de sus libros (Respóndeme y Para una voz sola), ¿en qué se están convirtiendo los hombres a la hora de perder su poder absoluto?
S.T.-Seguramente, sí, todo esto sea producto de la pérdida de la familia patriarcal, que era muy opresiva pero muy estable, y cuando se desmonta, todos los roles cambian y nadie sabe dónde está su nueva función. Y lo que más sufre es la figura del padre, que en cierta forma desaparece, sucumbe a la fragilidad. A veces sucede que, cuando este desconcierto no se comunica, aparece la violencia.
M.K.-¿Qué está haciendo el feminismo frente a esta involución de los derechos y libertades femeninas, se ha dado por vencido?
S.T.-El feminismo está acabado.

La mujer ha vuelto a su papel de mujer objeto: sólo preocupada por su cuerpo y su uso sexual, descuida su riqueza interior, una fuerza extraordinaria que es lo único que hoy en día puede cambiar el mundo. El consumismo lo ha estropeado todo.

M.K.-A usted le acusaron las feministas por decir que una madre no puede o no debe ser suficiente para criar a un hijo por sí misma, ¿acaso su madre no les crió a ustedes tres en soledad, acaso no fue capaz?
S.T.-Sí, es verdad que nos crió ella sola, pero cuando me hice mayor me di cuenta de que me faltaba el padre. Una madre puede educar maravillosamente a su hijo en soledad, pero la falta del padre deja una carencia interior, una fragilidad tremenda. Pero mira, hoy en mi generación es muy frecuente la madre sola: son muchos los hombres que abandonan a su pareja cuando los niños aparecen, porque son tremendamente celosos, o porque simplemente rechazan la responsabilidad.
M.K.-¿Qué opinó su madre de su reencuentro con su padre?
S.T.-No le importó nada, ella ya estaba casada con otro hombre. Mi madre era una persona con muchos problemas psicológicos, muy frágil. Pero fíjate, al final quisieron ser enterrados juntos, porque realmente se amaron toda la vida, sólo que era un amor imposible de vivir.
M.K.-Susanna, ¿qué ha matado en usted el instinto maternal?
S.T.-El hecho de no tener una familia estable cuando eres niño crea una incapacidad para construir una vida familiar. Si de niño vives en un mundo sólido, la familia se convierte en el referente, pero yo en mi infancia viví un trasiego continuo de figuras. Además, la vida de una artista no deja mucho espacio para los niños. Pero tampoco mis dos hermanos han conseguido una vida familiar estable: uno va por el segundo matrimonio y el otro tiene hijos de diversas mujeres, con las que mantiene relaciones irregulares; claro que para ellos, como hombres, es más sencillo tener hijos.
M.K.-De hecho dice que la familia se ha convertido en el lugar donde nacen todos los males de nuestra sociedad, ¿qué modelo de célula social propone a cambio?
S.T.-Cierto. Si los padres no tienen una vida espiritual muy sólida, una comprensión capaz de superar los conflictos, la familia se convierte en un infierno. Además, creo que ese modelo de familia cerrada, padre, madre y un hijo único, no ayuda a liberar las tensiones, que al final recaen sobre el hijo. La familia debe ser una colectividad, un grupo de personas, porque el hombre es un animal social y es feliz cuando en torno tiene una tribu. Hoy en día, las familias en las ciudades viven muy solas y esto favorece la violencia.
M.K.-Usted ha acogido en su casa a una familia de peruanos, creando una especie de vida comunal, ¿es este el modelo que propone?
S.T.-Sí, me gusta vivir muy rodeada de gente. Esta forma de vida te obliga a pensar siempre en el otro; claro que es más fatigoso, no es tan cómodo, pero te hace crecer, mientras que la vida en soledad en tu propia casa es estéril. Creo mucho en la vida comunitaria, como dice un dicho africano: para hacer crecer a un niño se necesita un pueblo entero.
M.K.-Siguiendo con la familia convencional, ¿cuántas parejas calcula que mantienen una cotidianidad infernal por eso que tanto se venera en esta sociedad: el sexo; es decir, por un coito a la semana aproximadamente?
S.T.-No quiero que se interprete como un moralismo, pero hay que comprender que esta visión actual del sexo es muy consumista: cuántas veces lo haces, con cuántas mujeres, cuánto duras… qué angustia. El sexo es algo bello y muy importante, ligado a la dimensión profunda del hombre, pero si lo reducimos a comercio, consumo puro, se convierte en algo triste. Tampoco se puede hacer del sexo el centro de nuestra vida, porque aunque a los 20 años es importantísimo, a los 50 ya no lo es tanto. Es triste contemplar a mujeres de 60 años esforzándose en seguir siendo seductoras para que su marido no se vaya con la secretaria.
M.K.-En cambio usted, después de dos relaciones prolongadas con dos hombres, lleva 18 años conviviendo con su gran amiga, Roberta: un gran amor donde dice no cabe el instinto físico. ¿Cómo se consigue prescindir de ese instinto, es fácil?
S.T.-Con 50 años sí: a esta edad el cuerpo de la mujer ha cambiado. Tuve dos relaciones largas con dos hombres, hasta los 35 años, pero llegó un momento en que no tenía espacio en mi vida para ello, porque la escritura requiere una energía tremenda y ocupa la mayor parte de tu mente. Entonces empecé a vivir con Roberta, y la convivencia sin sexo es mucho más libre, porque no existe el instinto de posesión. Es una elección libre, que es posible porque nuestros gustos son parecidos.
M.K.-¿Le da miedo amar, como al hombre de su novela?
S.T.-No. Vivo siempre rodeada de mucho amor, las personas y los animales son muy felices en mi entorno, y esto es amor. Pero seguramente, sí, el amor verdadero es lo más temible para una persona porque destruye todas tus defensas, te conviertes en un ser frágil.
M.K.-El sexo no le sirve para nada, ¿y la religión, la fe, de qué le sirve?
S.T.-La fe es algo muy misterioso en el sentido de que no se puede imponer o decidir: es algo que se tiene dentro o no. Por fortuna tuve una educación laica, de modo que no tuve que escapar de la enseñanza religiosa que parece ser algo horrible. He tenido la suerte de hacer mi propio camino y de llegar a la fe lentamente a través de la reflexión. Practicar yoga y artes marciales me ha ayudado mucho. Y mi conclusión es que lo que hay en la base del universo es amor, y el camino a ello es la fe: vivir en armonía con este amor.
M.K.-Todo esto suena más a filosofía oriental. Dígame, ¿qué es para usted el cristianismo?
S.T.-Mi padre era un apasionado del taoismo, y yo tuve una formación muy orientalista y un acercamiento al budismo. Pero en un momento dado pensé, si en el infinito ciclo de la vida, la inteligencia divina ha decidido que yo naciera católica, es que mi karma es ser católica y no puedo escapar. Y después de entender esto emprendí un camino para comprender el cristianismo a fondo, pero partiendo siempre de esta idea budista.
M.K.-¿Pero usted está totalmente de acuerdo con la doctrina católica, con el Papa?
S.T.-Bastante. Aunque el mensaje evangélico está muy distorsionado en un sentido negativo.
M.K.-La crítica le ha llamado reaccionaria por su defensa del catolicismo y también la izquierda italiana le ha criticado duramente por proclamar el fin de las ideologías. ¿Dónde se sitúa usted políticamente?
S.T.-La política italiana es deprimente. Yo siempre me sentí una persona izquierdista, pero cuando he visto de lo que es capaz la izquierda, he comprendido que no lo soy, que era una ilusión. A mí la izquierda me interesaba como modo de comportarse, por su mente abierta, pero lo que he visto no es sino dogmatismo, insulto, falta de diálogo, fanatismo, y yo no tengo nada que ver con eso. Además, la izquierda en Italia ha caído en una especie de locura apoyando todas las causas radicales que van contra la ética humana, como la eutanasia, elegir hijos por catálogo o parir de encargo a los 70 años. Hace falta un poco de sentido común. Me siento, como decirte, en un centro de sentido común.
M.K.-Dice que fue una niña muy introvertida, mala estudiante, que detestaba la literatura y quería ser atleta o científico, ¿cuándo se produjo el cambio?
S.T.-Empecé a interesarme por la escritura sobre los 20 años, en la Escuela de Cine de Roma, a través de la asignatura de literatura clásica. Y empecé a escribir con 21 años, nunca antes había pensado nada parecido, en primer lugar porque soy sobrina del escritor Italo Esvevo, y me parecía poco honesto poder aprovecharme de ello, me avergonzaba.
M.K.-¿Empezó a escribir sin apenas haber leído?
S.T.-No, no. Entré en la escuela con 18 años y para llegar pasaba hasta tres horas en el autobús, y ahí empecé a leer, muchísimo. Así fue como me enamoré de la literatura, que habla al alma del ser humano: una bella novela puede cambiar tu vida, aunque sea algo muy poco moderno.

La literatura hoy me parece la mejor forma de rebelión contra la sociedad, porque precisa tiempo, silencio, imaginación…

M.K.-Se hacía de niña constantes preguntas sobre la muerte y el sentido de la existencia, ¿por qué se sentía diferente y se aislaba?
S.T.-Siempre me sentí muy sola de niña. Estaba completamente segura de haber vivido otra vida, y la imaginaba, y entonces iba a la escuela y le preguntaba a las compañeras que dónde habían vivido en su otra vida, y esto, claro, en 1960, era un poco raro.
M.K.-¿Aún teme la muerte?
S.T.-No, no me da miedo: creo que será un cambio de estado; me produce mucha curiosidad, porque estoy segura de que después habrá algo que ni imaginamos. Pero espero morir muy vieja: me gusta mucho la vida.
M.K.-Susanna, había prometido que escribiría esta novela, que luego haría algo divertido y entonces ya dejaría de escribir, ¿en qué punto del proceso está?
S.T.-Estoy escribiendo un libro para niños y luego me gustaría dirigir alguna película, y no volver a escribir en algunos años, porque siento que una parte de mi vida se ha terminado y que algo nuevo va a comenzar, pero no sé lo que es.


2 Comments


  1.  

    Adorável entrevista! Eu a entendo perfeitamente! Considero até engraçada a concepção geral do Cristianismo católico e evangélico a respeito do prazer, sexo e outras partes importantes do que significa ser Cristão. Acredito que há muito tabu, muita dúvida sobre o que é ou não pecado, se pode ou não fazer isso ou aquilo.
    Mas gostei muito da entrevista!
    Parabéns!





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