Soy Miss K.

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Posted July 20, 2012 by Miss K. in Blog K
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Que el hombre es un animal de costumbres es un aserto que sigue ocupando a la ciencia y a la filosofía. Que las costumbres del hombre pueden cambiar es algo que ningún ser inteligente debiera rechazar a priori, o como prefiere formular Viaje al optimismo: Las claves del futuro (Imago Mundi) (Spanish Edition): “El cambio denota inteligencia y la estabilidad, por el contrario, es sinónimo de mediocridad”. Y añade: “El mayor escollo de los humanos para evolucionar es la negativa de su cerebro a cambiar (…)  hemos generado una cultura en la que el propósito de no cambiar nunca de opinión es bienvenido y al que cambia se le consideraba un traidor o un ligero de pensamiento. El estudio de la inteligencia ha demostrado absolutamente lo contrario. La capacidad de representación mental o de predecir, es lo que permite al cerebro cambiar de opinión” Miss Entrevistas

Me presento: me llamo Miss K. y mi intención es brindaros una serie de utensilios útiles para eso que el divulgador científico, un prodigio de inteligencia in progress, denomina cambio cerebral. Primer enemigo: la pereza. Segundo: el miedo a lo desconocido. Si bien la pereza debiera ser un derecho humano fundamental: el derecho a no sacudírsela, especialmente en mañana de domingo; sabemos que el miedo es la más castradora e inmovilista emoción que pueda atacar al homínido. Pero es lunes y a la puerta llama un repartidor, que trae un diminuto paquete en mano. Abres el paquete y una pastilla electrónica tamaño misal. Y dentro (su funcionamiento es más sencillo que el de un despertador a pilas) una biblioteca universal. Me lo digo a mí misma y te lo cuento, yo, que he arrastrado mis reales por medio mundo cargada de cajas y baúles, con su consabido olor a viejo, sus bichos de la humedad o pececillos de plata (buenos amigos ya) y sus ácaros (he comprobado que los alérgicos más rebeldes terminan por acostumbrarse a los ácaros conocidos). No sin mis libros, fue siempre mi consigna ante el neumólogo.

Me he tirado como posesa de novedad a por, eso, la gran novedad: el Diario de invierno (Panorama De Narrativas) de Paul Auster (Anagrama), que la semana pasada nos visitó en Barcelona y no sin rubor habló de sus memorias (“son fragmentos”, dijo: “no es una biografía”). El libro es un acierto desde la primera página: Auster, siempre innovador, pone en práctica una forma nada habitual de referirse a sí mismo en segunda persona, como si sentara a su yo en la butaca de enfrente y le contara sus amores, dolores, felicidades y angustias, sin huir si quiera de asuntos escatológicos, el escritor gentleman. Nieva en el diario de Auster como llueve en el París de Bolaño y su Monsieur Pain. Nieva en el invierno del de Brooklyn, escritor que nos tiene acostumbrados a hablar de sus peripecias vitales siempre disfrazadas de prodigios del azar o el vértigo (salvo cuando se sentó frente a la memoria de su padre en La invención de la soledad, o cuando nos contó sus fracasos precoces en A salto de mata…, que me perdí). Y la nieve nos conduce por sus páginas: cuidado los alérgicos a la literatura basada en las propias experiencias, que viene siendo TODA la literatura: ¡qué sería de nosotros si el escritor no se escondiera y sintiera en las branquias del papel! Perdón, quise decir la pantalla del ordenata.

 


One Comment


  1.  

    Uno de mis autores favoritos.





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